Crónicas de Tenerife: Playa del Bollullo, un pequeño paraíso digno de un mundo perdido…

Después de tres días frenéticos en los que hemos dormido una media de 5 horas diarias, tocaba tomarse un día algo más relajado y, sobretodo, retrasar un poco el despertador. Al menos era esa la idea, y sí que es cierto que el despertador no ha sonado pero que va, no hay manera, pues no eran ni las 8 de la mañana y ya estábamos con los ojos como platos esperando una hora razonable para ponernos en circulación.

Eso sí, descansar hemos descansado, o como mínimo desconectado. Incluso ha servido para darnos cuenta de que el sitio donde nos alojamos es realmente bonito, si hasta me he parado a echarle cuatro fotos!! Y es que tanto el sábado con la excursión de las ballenas y el domingo, que teníamos reservada la subida al Teide, hemos salido del apartamento para meternos directos al coche y salir de allí cagando ostias.

Eso sí, aunque tanto el sitio donde está situado, como el apartamento en si son estupendos, estos cuatro días que llevamos en la isla han servido para darnos cuenta de que igual lo más práctico es alojarse en algún lugar del norte, La Orotava quizás, ya que, a excepción de la excursión para avistar ballenas, la mayoría de atractivos, al menos para nosotros, están mucho más a mano desde allí. Pero claro, todo depende de lo que busques. Nosotros elegimos un lugar en el sur de la isla pensándonos que es donde se encontraban las mejores playas y demás pero ya hemos visto que nada más lejos de la realidad, sino incluso al contrario. El sur está bien si lo que buscas es fiesta y macro complejos turísticos pero eso, está claro, no es nuestro caso.

Pero oye, eso es una cosa que no la sabes si no estás aquí y tampoco es que nos penalice mucho, simplemente creemos que nos ahorraríamos bastantes quilómetros si tuviéramos nuestra base en el norte. Y qué coño, que La Orotava nos encantó, así que ya tenemos lugar elegido para nuestra próxima visita a la isla, así de fácil.

Con todo, nuestra columpiada terminaba a eso de las 11 del mediodía cuando ya hemos decidido dejar de perrear y ponernos manos a la obra y es que hoy si, tocaba playa por vena y la elegida para tal fin era otra de la lista de la gente de La Gaveta Voladora: la Playa de el Bollullo, en el Puerto de la Cruz.

La Playa de el Bollullo

A ella llegábamos aproximadamente una hora después y sin perdernos, cosa que, con la mierda de GPS que utilizamos, es algo no muy normal y es que no se qué narices le pasa a Google Maps aquí en la isla pero si le hiciera casa llevaría ya varios accidentes y, por supuesto, varias multas en los días que llevamos aquí en Tenerife. Supongo que será el móvil, no lo sé, pero tan buen punto te dice que continúes recto como que cruces la autopista por un paso a nivel inexistente y tires en contra dirección por la siguiente salida. Divertidísimo, vamos.

Sea como sea, para llegar al Bollullo mucho no hace falta el Gps ya que, nada más entrar en Puerto de la Cruz ya te sale indicada la playa y has de ser muy paquete para perderte, la verdad. Eso sí, el caminito se las trae, sobretodo, supongo yo, en veranos, ya que se trata de una carreterita de dos direcciones por la que cabe solo un coche y los sitios para poder apartarte si te encuentras alguien de cara son más bien escasos. Alguna que otra entrada en alguna de las muchas plantaciones de plátanos por la que discurre la carreterita y poco más. Nosotros no nos hemos encontrado a nadie porque hoy ya es lunes laborable en España y muchos turistas ya no hay pero llegar aquí en agosto debe ser divertido seguro.

Hay un par de parkings (2€ todo el día) para dejar el coche y desde allí sale un caminito que va perdiendo altura poco a poco hasta llegar a la playa.

Una vez entras en el, eso sí, tienes que parar, ya que el paisaje que te encuentras es sobrecogedor, algo ya, por otra banda, a lo que te tienes que acostumbrar en una visita a la isla ya que no paras de soltar –ohhhhhs como el tonto del pueblo, vamos.

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Lo que tienes en frente es una preciosa playa de arena negra encuadrada entre verticales acantilados del mismo color. Las olas rompen con fuerza en la orilla vistiendo la imagen con un halo aún más salvaje si cabe y de fondo, la escarpada costa norte de la isla te recuerda dónde estás. Es un paisaje precioso, que hace que cada dos pasos no puedas dejar de inclinarte para mirarlo una y otra vez. El camino, además, está ocupado por decenas, centenares igual, de lagartos calentándose al sol, de todos los tamaños y colores, algunos realmente grandes, que se van escondiendo a tu paso para después, automáticamente, volver a ocupar el centro del camino, supongo que será donde más calentará el sol, ni idea.

Y eso no es todo porque, que sería de una playa sin un buen chiringuito? Sobre todo para mi, que no concibo la playa sin una cerveza fría en la mano y claro, sin nevera como estamos, no nos las podemos llevar de casa pero eso aquí no es problema ya que tienes uno justo en el final del camino, un chiringuito de piedra que llevan unos chicos súper simpáticos, con la cerveza grande a dos euros y medio y fresca no, lo siguiente.

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También alquilan hamacas a 3€ el día entero y sombrillas a 2.

Esto de la hamaca es más que interesante ya que la arena no es que queme, no. Es que se te deshacen los pies nada más mirarla. Supongo que al ser negra atrapara más el calor, no sé. Pero creerme, lloras de dolor. Así que no seáis agarrados y dejaros un par de euros para una sombrilla si no queréis morir en el intento. Sería una putada que mañana no os pudierais mover por haberos achicharrado los pinreles, anda.

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Nosotros hemos pillado el pack completo y para acabarlo de adobar, nos hemos zampado un lenguado y una sepia (aquí la llaman choco) en la sobra del chiringo que casi me hace llorar. Día perfecto de playa y de relax. Que si ahora un poquito al sol, que si ahora un poquito a la sombra. Que si una cervecita, que si un tinto de verano, que si un bañito (ir al loro que las corrientes son muy putas aquí, que esto es el Atlántico). Total, que en un abrir y cerrar de ojos, como todo en esta isla, el día ya había pasado, eran las más de las 18:00 de la tarde y nos esperaban en Santa Cruz.

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Santa Cruz de Tenerife

Que quien nos esperaba? Pues Montes,  con la que habíamos quedado para tomarnos unas cañas en la Plaza de la Candelaria de la capital.

Si siempre que vamos a algún lugar nuevo nos gusta encontrarnos con gente que vive allí para que nos cuente más, en este caso nuestra motivación era aún mayor ya que, no es ningún secreto, desde el día en que aterrizamos esta isla nos está causando gran sensación y eran muchísimas las preguntas que teníamos para hacerle a Montse, que dejó su Sabadell natal hace más de 25 años para venirse a vivir aquí y, sinceramente, no me sorprende.

Y más cuando la escuchas hablar de su isla y es que no hace falta pasar mucho rato con ella para darse uno cuenta de que lo realmente enamorada que está de esta isla. Y con razón.

Charlando, sin prisa, nos va respondiendo todas nuestras preguntas, que no son pocas, y lo mejor de todo, nos va metiendo en la cabeza nuevos planes, nos va descubriendo nuevos secretos de esta isla, su isla, y va haciendo que crezca, aún más si cabe, la certeza de que en una semana no tenemos nada que hacer aquí, que las posibilidades de esta pequeña isla, situada a la altura del Sahara Occidental, olvidada muchas veces por nosotros, son tan y tan grandes que necesitarías como mínimo el mismo tiempo que lleva ella para poderla descubrir.

Y de esta manera cae la tarde y, después de un paseo por el casco antiguo de la ciudad, nos despedimos, de la mejor manera posible, con un hasta la próxima pero que, en este caso, cobra más sentido que nunca porque, sin el menor ápice de duda, habrá una próxima, esto es solo el comienzo.

Restaurante La Hierbita

Y mientras Montse se retira hacia su casa, donde le espera su día a día, a nosotros nos toca una de las partes del día que nos gustan más: cenar. Y lo hacemos en un lugar que nos ha recomendado nuestra anfitriona, situado en el mismo casco antiguo: La Hierbita.

Típica tasca canaria donde probar alguno de los platos típicos de las islas. Nosotros nos decidimos por algo para picar, nada, para matar el hambre: una tablita de quesos canarios, las siempre presentes papas arrugás, plátanos asados y unos calamares a la romana de caprichito para un servidor. Las cervezas de rigor y un par de carajillos de licor de orujo y todo por menos de 30€. Como se te queda el cuerpo, eh? A nosotros ya ni nos sorprende y lo que hacemos ahora es, antes de que nos traigan la cuenta, mirar de adivinar cuanto nos va a costar y…sabéis que? Nunca lo acertamos. Definitivamente comer bien y barato en esta isla va de la mano.

Y ahora ya si, para la casa. Nuestro día de relax había sido eso, de relax, como estaba planeado, pero ya está, para mañana, toca otra vez maratón, pero lo dicho, mañana.

Y eso es otro día…

Seguimos!

 

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