Crónicas de Tenerife: Reinventando el día entre la montaña y el mar…

Así que tocaba ponerse las pilas y buscar alternativas para el día de hoy ya que eso de pasarlo en lo alto del Teide, como habéis visto, nada de nada.

Lo bueno es que en esta isla, de alternativas, de cosas por hacer, hay, que se yo, miles. Y para todos los públicos. Así que asamblea de urgencia y a decidir. Y que mejor lugar para ello que en el Parque Recreativo de Las Lagunetas, entre sus densos bosques de pino canario, y a las puertas de la civilización ya, pues a pocos quilómetros ya encontrábamos el pueblo de La Esperanza y de allí ya el mundo conocido estaba a tocar.

  • Pues ya que no podemos subir al Teide podemos ir al mercadillo, no??

Vaya, lo ha dicho, si es que era cuestión de tiempo, la verdad y es que sitio donde vamos sitio donde tenemos que pasar por el mercadillo y hoy es domingo y es el día en el que se celebra el mercadillo de Santa Cruz de Tenerife, el más grande de la isla. Y ya me mola, eh, acaso hay un lugar más autentico que un mercado callejero? Así que al lío, acabémonos el café y hacía Santa Cruz que esto ha hecho solo que empezar.

El mercadillo de Santa Cruz de Tenerife se celebra en los alrededores de las calles José Manuel Guimerá y Bravo Murillo, cerca del mercado Nuestra Señora de África y es un hibrido entre rastro callejero, donde encontrar ropa de segunda mano, antigüedades y demás, con el típico mercadillo de los de toda la vida, con bragas a euro, maquinas para limar callos en oferta y los últimos exitazos de Holywood en Dvd’s high definition. En internet pone que tiene más de 800 puestos y la verdad, a pesar de no haberlos contado uno a uno, si llega a la mitad ya se pueden dar con un canto en los dientes, la verdad. A pesar de eso no desmerece una visita, sobre todo si te va este rollo. Yo he salido de allí con pantalón de chándal molón que te cagas y Adri con otro bikini más para su colección con lo que todos contentos, un par de horas dando vueltas bajo el sol abrasador y a otra cosa.

Y eso otra cosa no podía ser otra que comer, como no.

Restaurante Dos Barrancos, María Jimenez

Para ello recurriremos a un mapa que nos enviaron unos amigos de Barcelona, hecho de primera mano por un vecino suyo de la isla y que, por lo que estamos viendo, se convertirá en nuestra piedra roseta para comer como reyes en nuestro paso por la isla.

Nuestra idea era ir a pasar la tarde a la Playa de las Teresitas, a pocos quilómetros al norte de Santa Cruz, pero antes nos desviaríamos hacía María Jiménez, un pueblecito situado en la carretera que sube hasta el Macizo de Anaga, hasta encontrar a el restaurante Dos Barrancos a mano izquierda. La carreterita tiene su guasa así que al loro no os estampéis cuando pretendáis girar hacia el restaurante, avisados quedáis.

El lugar, de los de toda la vida, no esperéis grandes lujos, venimos a comer bien, recordar, no a colgar selfies en instagram con platitos de postureo, ya habrá tiempo de eso, no os preocupéis. Y para empezar pues como no, papitas arrugás y queso asado, ya un típico para nosotros, pero es que está de vicio, y de segundo cerdo, el lugar lo requería, secreto ibérico para mí y costillar para Adri y la virgen, que bueno estaba todo, se deshacía en la boca, normal que el garito estuviera a reventar.

Y los postres, caseros, por supuesto. Pastel de queso por un lado y de 3 chocolates por otro. Joder que hambre me está entrando escribiendo esto. Y es que comimos de fabula, todo se ha de decir. Y precio? Pues con los cafés, chupitos, mis dos jarritas de vino y demás, no llegó a 40€. Juzgar vosotros mismos. No sé, igual es que estoy acostumbrado a pagar hasta por respirar en Barcelona pero a mí me parece tirado por cómo y cuanto comimos.

Y con el buche lleno, ahora sí, un poco de playeo, ahí vamos.

Playa de Las Teresitas

Esta playa está situada en el municipio de San Andrés, a escasos quilómetros al norte de Santa Cruz, y para llegar a ella desde la capital perderse es completamente imposible ya que solo tienes que seguir la carretera que recorre el litoral y acabarás con tu coche en la dorada arena.

Porque si, lo que leéis, dorada arena. Y aunque esto en una isla de origen volcánico parezca una quimera no lo es gracias a los buques de carga que trajeron, en los años 60, toneladas y toneladas de arena del Sahara para crear una playa cerca de la capital para poder contentar al creciente turismo que empezaba a llegar en masa a la isla.

Y la verdad es que la playa esta de puta madre, no seré yo quien lo niegue, eso sí, hay un par de detalles que le quitan enormemente el encanto, bueno, tres detalles mejor dicho. Uno se llama plataforma petrolífera y los otros dos barcos petrolíferos. Y es que si levantas la vista te encuentras con estos tres monstruos marinos allí enfrente, a escasos centenares de metros de la playa y la verdad, joden el pastel.

Que son fuentes de ingresos para la isla, de acuerdo, pero para los de siempre, yo solo sé que duele a la vista ver esos gigantes de hierro allí plantados, y para la fauna marina no creo yo que sea un aliciente para habitar sus aguas. Además teniendo en cuenta la cantidad de recursos que tiene la isla para generar energía de forma sostenible. No perdamos de vista que, no muy lejos de aquí, la isla de El Hierro, se ha convertido en una isla sostenible y sirve de ejemplo para el mundo entero por sus políticas de isla sostenible con importantes puntos en cuanto al uso de renovables, programas de reciclaje, de turismo sostenible y la promoción de vehículos eléctricos. No harían mal en mirar hacía sus vecinos, la verdad.

Pero volvamos a la Playa de las Teresitas y dejemos lo que pasa en el mar, la playa en si está bien, no muy abarrotada de gente y con bastante sitio para aparcar, eso sí, y eso ya sí que no toleraré: Me han cerrado los chiringuitos! Y que es una playa sin sus chiringuitos, verdad? Y todo, como siempre, por dinero, y es que el ayuntamiento dejó en la calle a las más de 300 personas que vivían de ellos por, según el gobierno, no tener permisos, después de llevar toda la vida allí, por supuesto.

Supongo que los bicharracos de hierro van bien de permisos para perforar todo el lecho marino, claro, eso sí, un chiringuito en la playa, en una playa artificial, no lo olvidemos, eso no.

Aunque hecha la ley hecha la trampa y ahora justo detrás de estos chiringos tienes todo de food trucks para saciar tu sed y tu hambre, pero no es lo mismo, la verdad.

Nosotros estuvimos como un par o tres de horitas allí, regalados, hasta que el sol ya empezó a bajar y decidimos seguir con nuestro día, ahora, con la visita a otro de los puntos claves en la historia de la Isla: San Cristóbal de la Laguna.

San Cristóbal de la Laguna

Para llegar a La Laguna desde donde estamos es fácil, no en vano la ciudad es prácticamente la continuación de Santa Cruz y siguiendo las indicaciones se llega perfectamente.

Una vez allí, nosotros dejamos el coche en el aparcamiento que hay justo al lado de la Plaza del Adelantado, en la zona que se conoce como Villa Abajo, donde anteriormente se asentaba todo el poder de la isla, no en vano, La Laguna está considerada la primera ciudad como tal y fue la capital durante mucho tiempo. Aunque, a decir verdad, eso de la primera ciudad, bueno, para nosotros, supongo, en fin.

Eso sí, que fue más que una simple ciudad salta a la vista nada más poner los pies en ella, dado el carácter señorial de sus casas y su trazado, típico castellano, con una plaza mayor central y en torno a ella todos los estamentos del poder de la época representados en palacios que hoy en día están abiertos al público en su mayoría.

A mí, lo que me ha recordadado, al poco de estar en ella es, no me preguntéis porque, a Cartagena de Indias o, en verdad, a cualquier ciudad latinoamericana con un pasado colonial y eso, como después me enteré tiene una explicación y es que, La Laguna, fue tomada, en su momento, como ejemplo arquitectónico para exportar a las colonias latinoamericanas. Ciudad de Paz, o ciudad no fortificada se le llama a esto diría. En fin, si habéis estado en alguna ciudad de América latina entenderéis porque lo digo.

Pero si algo realmente llama su atención al pasear por la ciudad es la calma que se respira, sorprendente una vez más, los contraste que te da la isla, no sé si por ser domingo, por ser la hora que era, ni idea, pero era como un Deja Vu con el otro día en La Orotava. Todo a otro ritmo, a otra velocidad.

Nosotros hemos cogido por la adoquinada calle Rey Redondo, que sale de al lado del ayuntamiento y, a través de casas señoriales, antiguos palacetes y casas armeras de las principales familias de la ciudad hemos llegado hasta la catedral de San Cristóbal de La Laguna, desde donde ya se divisa la icónica torre de la Concepción, justo al final de la misma calle. Sin duda un paseo corto pero intenso y lleno de simbolismo por el antiguo núcleo de la ciudad y, con ello, de la Isla.Y es que eso también lo tiene, su tamaño, reducido, concentrado, no hacen falta más de dos horas para visitarlo, cervecitas incluidas, y eso, después del día que llevamos, pues se agradece.

Por desgracia o por suerte hoy La Laguna ya no es ese centro neurálgico político y religioso que en su día fué pero sí lo es en cuanto a gastronomía y restauración así que terrazas y baretos los tendréis a docenas, sin exagerar. Sin ir más lejos, algunos de los mejores restaurantes de la isla están aquí aunque, en nuestro caso, nos hemos tenido que quedar un poco mucho con la ganas. El motivo? Pues muy bien no lose, igual al ser domingo después de semana santa, ni idea, la cuestión es que sitio al que mirábamos de reservar para cenar, sitio que estaba cerrado. Incluso hemos acabado entablando conversación con una pareja de la ciudad mientras nos tomábamos un Gin Tonic en una de las terrazas para ver donde podíamos ir a cenar y, sitio que nos recomendaban, sitio que estaba cerrado. Una mierda, la verdad. Con la de garitos que hay, tiene huevos.

Con todo, al final, no nos ha quedado más remedio que recoger los bartulos y abandonar la ciudad con la cola entre las piernas, como quien se sabe derrotado, y hemos acabado cenando en el puertito de Güimar, en La Randela, un bar recomendado en el mapa del tesoro que nos pasaron nuestro amigos de Barcelona pero que la verdad, ni fu ni fa. Porque? Pues porque va a ser, porque no les quedaba de nada. Cosa que pedíamos cosa que no tenían. Para acabar cenando pulpo a la gallega a tres mil kilómetros de Galicia pues haceros a la idea. No sé, eso de la planificación esta gente no lo lleva muy bien. Y eso que es, o debería ser, temporada alta. Que se yo.

Con todo, eran más de las 23:00 cuando dábamos por terminado otro día en la isla. Otro día más sin parar, otro día de 15 horas fuera de casa y otro día con la misma sensación…

Amigos, sin duda, esto da para mucho…

Y, por supuesto, mañana más…

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