Crónicas de Tenerife: Una tarde perfecta en Puerto de la Cruz: Que hacer, que ver y donde comer como dios en la antigua llave de la isla…

Solo era necesario un pequeño salto para caer del barco al coche, que teníamos aparcado en frente del Muelle 12 de Puerto Colón, ya que esa misma mañana, al llegar antes que nadie para embarcar, habíamos encontrado el parking completamente vacío y habíamos podido escoger lugar para aparcar. Una estampa, en cambio, muy distinta a la de ahora, con gente esperando en doble fila a que alguien abandonara su sitio, algo parecido a lo que nos encontramos el primer día en Las Américas, la verdad.

Nuestro próximo destino estaba justo en el otro extremo de la isla, Puerto de la Cruz, a poca distancia en línea recta de donde nos encontrábamos si no fuera por un gigante infranqueable llamado Teide que cortaba el paso de forma drástica. La manera de llegar entonces era la misma que para ir a cualquier parte de la isla. Coger la carretera circular que la rodea y salirte en tu destino. La principal carretera para tal fin es la TF1, que rodea prácticamente la totalidad de Tenerife desde un poco más adelante de Puerto de la Cruz hasta llegar prácticamente a Santiago del Teide pasando por Santa Cruz. Solamente el tramo que va desde Puerto de la Cruz pasando por El Realejo, Icod de los Vinos y Garachico hasta llegar a Santiago del Teide es el único que no cuenta con una vía rápida en lo dos sentidos de dirección debido a lo agreste de su orografía y por mí, que así continúe ya que eso, quieras o no, es un seguro de que la zona continuará intacta y lejos del turismo de masas dueño desde hace años de algunos lugares de la Isla.

En nuestro caso, en cuanto a tiempo, teníamos prácticamente el mismo trayecto yendo por la autopista (y haciendo muchos más quilómetros) que tirando hacia Santiago del Teide y allí cogiendo la TF82 hasta que nos dejará en Puerto de la Cruz. La distancia es menor pero lo que decíamos, la carreterita se las trae y por allí es hacia donde hemos ido haciendo una primera parada en el bonito municipio de Santiago del Teide. Es un pequeño pueblecito principalmente agrícola, a los pies del Parque Natural de la Corona Forestal y sirve como un punto de inflexión en el paisaje ya que aquí dejamos atrás el árido sur para adentrarnos en el verde norte y es que si es algo que tengo ya claro es que esta isla es una isla de contrastes, donde en pocos quilómetros todo puede cambiar, tanto el paisaje como el clima, la vegetación. Todo. Es sin duda un lugar sorprendente.

Si vais con hambre, justo al lado de la blanca iglesia de San Fernando, ya en la salida del pueblo dirección Icod, hay una área recreativo donde puedes comer típica comida canaria, carne de cabra, queso asado, papas con mojo y un largo etcétera y a muy buen precio aunque esto, aquí, no sea una novedad. Nosotros, después de un café con hielo para enchufarnos un poco, hemos continuado con nuestro trayecto a través de plantaciones de plataneros y frondosos bosques de pino canario hasta meternos de lleno en un continuo sube y baja que pone a prueba los mejores estómagos y, también, los mejores frenos.

Poco a poco, sin prisa, vas pasando poblaciones que dejaremos para días posteriores como Icod o Garachico. De repente tanto puedes encontrarte en un puerto de montaña a más de mil metros sobre el nivel de mar, como en una carreterita que baja a plomo hasta la misma costa, y todo eso en apenas, 20 km. Sin duda una muy buena manera para ir al Puerto de la Cruz y ahorrarse la aburrida autopista.

Con todo, serían poco más de las 15:00 de la tarde cuando aparcábamos el coche (a la primera!) justo enfrente del mar, en la negra playa Martiánez, y nos dirigíamos hacia nuestro primera y larga parada en Puerto de la Cruz: El Lago Martiánez.

El Lago Martiánez

Este Lago, situado en la costa de Puerto de la Cruz, entre la playa Martiánez y la lugareña playa de San Telmo, es una obra del artista Lanzaroteño Cesar Manrique y consta de, nada más y nada menos que 13.000 metros cuadrados de lagos artificiales de agua salada, fuentes, cuevas, esculturas y cascadas, una autentica obra mastodóntica que ha conseguido darle vida a una zona de la costa norte que, por su fisonomía, igual no hubiera podido tener de otra manera. Es realmente espectacular el conjunto y digno de ver. La entrada a él cuesta 5,50€ por persona y puedes estar allí hasta las 19:00 de la tarde, momento en que pasa a ser un centro de ocio con restaurantes, bares y demás.

Para nosotros tiempo más que suficiente para tirarnos en las tumbonas al sol y pegarnos algún que otro chapuzón en las frías aguas de sus piscinas mientras bajaba un poco el sol para poder darnos un paseo por la ciudad sin morir en el intento y es que, mientras hay la famosa calima aún se aguanta pero a la que esta desaparece el sol cae a plomo sobre tus hombros, y eso que estamos en Abril, ojo.

Y ahora sí, ya más fresquitos, a las 19:00 de la tarde empezamos con nuestro turisteo en esta ciudad, principal punto turístico del norte de la Isla pero que ha sabido mantener, al menos en parte, sus aires marineros en estos tiempos de turismo desenfrenado.

Partiendo desde el Lago Martiánez cogemos el paseo de San Telmo, en donde encontramos la ermita del mismo nombre, pues este santo es el patrón de los marineros. Justo debajo de ella está la playa de San Telmo, mitad playa, mitad piscina natural, y llena a reventar de lugareños a esta horas, la verdad que se trata de un sitio precioso y todas las edades se mezclan en él para pasar este sábado de semana santa al sol, supongo que, en parte, cogiendo aire para la temporada que en breve, sino ya, empezará y es que si duda alguna, ya no solo aquí sino en toda la isla, la industria del turismo es la principal fuente de ingresos para la población. Y no falta razón para ello.

Justo arriba de la playa de San Telmo encontramos el mirador de la punta del viento y de aquí ya bajamos calle abajo hasta la concurrida Plaza del Charco, a la sombra de los inmensos arboles que la cubren sin dejar pasar un rayo de sol. La plaza, a estas horas, está llena de vida y es un buen lugar para tomarse algo en alguno de sus muchos bares y restaurantes que encontramos.

En mi mente desde hace rato ya se ha instalado un Gin Tonic recorriendo mi garganta pero resisto la tentación, un rato al menos y nos dirigimos hacia el puerto viejo para entrar al antiguo barrio pesquero de La Ranilla, completamente reformado, con sus casas de planta baja pintadas de llamativos colores, sus tiendas de arte, sus tascas, un muy buen lugar para pasear in duda, además está lleno de murales de distintos artistas, paredes enteras, fachadas de los edificios más altos, modernidad y tradición, todo en el mismo barrio. Un barrio de orígenes populares, marineros que ha sabido encontrar la manera de sobrevivir sin perder sus raíces. Un buen lugar, sin duda.

Nosotros seguimos andando hasta cruzar toda La Ranilla y llegar a la fabuloso Playa Jardín, obra también de Cesar Manrique, de fina arena negra y presidida por el Castillo de San Felipe, una de las pocas fortalezas del siglo XVII que quedan en la isla y a la que no podemos entrar debido a la hora a la que llegamos aunque tampoco creo que nos perdiéramos nada, la verdad.

Y ahora ya sí que sí, la hora del Gin Tonic llegó, y para ello escogemos de nuevo la zona del Puerto Viejo, justo enfrente del monumento a la mujer pescadora, mientras cae la noche a nuestro alrededor y hacemos tiempo para que llegue la hora de poder ir a cenar a la Cofradía de Pescadores, donde tenemos reserva, situado en la calle de Las Lonjas, que aún mantiene su adoquinado original, y que en su día fue el centro neurálgico de la ciudad. No en vano, desde este pequeño puerto que vemos hoy en día, salían el 80% de las mercaderías de la isla, motivo por el cual a esta ciudad se la conocía como La llave de la Isla.

Restaurante de la Cofradía de Pescadores

Y por fin llegó la hora de cenar en la terraza de este restaurante con unas vistas privilegiadas al Puerto y un ambiente de lo más relajado.

El sitio, genial y la verdad que los camareros la mar de amables, ya lo habíamos leído en internet. Ellos mismos te recomiendan lo que está más fresco y acabas pidiendo un poco lo que ellos quieren si te dejas guiar. Y yo en estos casos, siempre me dejo.

Para beber una botella de vino blanco, de Tenerife, por supuesto y para comer no podían faltar las papas con mojo y el queso asado, acompañado de lapas asadas (tremendas), pulpo frito y calamarcitos con mojo. Y todo bueno, no, lo siguiente.

Y postre, claro. Quesillo por un lado, huevo mole por otro y para terminar dos zaperocos, bebida hecho a base de leche condensada, café, licor 43, piel de limón y canela. Y todo por poco más de 60€. Si es que todo en esta isla es genial.

Así que ya podéis apuntar: La Cofradía de Pescadores. Calle de la Lonja, 5. Eso sí, llamar para reservar porque, obviamente, el sitio se peta. Pero vale mucho la pena.

Y ahora ya sí, llevábamos más de 15 horas fuera de casa, aún teníamos como una hora de coche hasta llegar al apartamento y mañana tocaba levantarse hacia eso de las 6 para ir al Teide así que tocaba retirada.

Estábamos aprovechando al máximo nuestro paso por la isla, sacrificando horas de sueño para ello pero eso no es ningún problema, para eso están las vacaciones, no? Ya tendremos luego días de trabajo para descansar. Las vacaciones se exprimen, y se acabó.

Día redondo…otro más.

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