Pero, a ver Pol, porque darle la vuelta al mundo en bicicleta?

“Quizá es cierto que las cosas pueden cambiar en un día. Que una docena de horas puede afectar el resultado de vidas completas. Cuando lo hacen, esas cuantas horas, como los restos rescatados de una casa en llamas – el reloj carbonizado, la fotografía chamuscada, el mueble quemado – deben ser resucitadas de las ruinas y examinadas. Preservadas. Se debe dar cuenta de ellas. Pequeños eventos, cosas ordinarias, destruidas y reconstruidas. Impregnadas de un nuevo significado. De repente, se convierten en los huesos blanqueados de una historia”

Arundhati Roy

Llevo muchos días intentando entender donde empezó realmente todo esto. Seguramente fue en el mismo instante en que nací. Manda huevos que de 250 millones de espermatozoides yo fuera el más rápido pero así fue, y en ese instante en que empecé a berrear como si me estuvieran matando quizá ya estaba escrito todo lo que sucedería conmigo durante el resto de mi vida.

O igual fue cuando escuchaba hablar de mi tío, el de América. Para mi escuchar hablar de él era como si me estuvieran hablando del mismísimo David Livingstone, y ya ni te digo cuando venía de visita, era sin duda uno de los acontecimientos del año, incluso más importante que el día de reyes o la navidad.

También puede que fuera cuando cayó en mis manos ese viejo atlas hecho polvo del que en otras ocasiones he hablado y con el que, siendo un mocoso, me transportaba ya a otros lugares y conocía otras civilizaciones, me aventuraba entre terribles animales salvajes y escalaba las montañas más altas de la tierra. Quién sabe.

Sea como sea, a medida que iba creciendo yo ya me iba dando cuenta de que muy fino no estaba y mi familia, la verdad, creo que también, sobre todo cuando con 19 años recién cumplidos y con los sueldos de un verano trabajando en un refugio de montaña en el Pirineo me agarré mi bicicleta y me largué a Cuba, solo, a ver que se cocía por allí. De allí salté a México y empecé a bajar por toda Centro América hasta que el Darién dijo basta y empecé el camino de regreso exactamente por donde había venido hasta volver, de nuevo, a mi Cuba (por ese entonces ya era mi isla) y de allí ya para casa.

De esos meses por América Latina me llevé dos cosas. Una, mi amor eterno hacia esa tierra, donde no os engañaré, me siento como en casa o incluso mejor y dos, la convicción de que el mundo era muy grande y yo demasiado cotilla para no saber qué narices sucedía en él.

De esta guisa me planté de nuevo en Barcelona con 20 años, con unas ganas terribles de comerme el mundo pero tuvieron que pasar 5 años más para poder volver a partir sin billete de vuelta. Fue para realizar uno de mis viajes más soñados, recorriendo la antigua Ruta de la Seda hasta llegar al lejano oriente, en donde el sol moría cada día para volver a renacer a la mañana siguiente por un occidente que en esos momentos poco me interesaba. Viajábamos en una antigua furgoneta que le compramos a un buen amigo mío y nos creíamos invencibles. De hecho creo que en algunos momentos lo éramos, en otros, también se ha de decir, nos comíamos las ostias de dos en dos pero eso no importaba porque éramos felices. Vivíamos una vida nómada donde cada día era un día nuevo y lo más importante de todo: éramos libres, y eso nos atrapó.

 Aparcados en Belgrado camino de la frontera con Bulgaria

Pero de la misma manera que vivimos en un sueño un día nos tocó despertar y de repente estábamos inmersos de nuevo en la gris rutina de la ciudad. Tocaba buscar un trabajo y dio la casualidad que encontré uno que al parecer se me daba bien. Empecé a ascender. Tenía dinero, era joven y me enamoré.

De esto ya hace más de 5 años y si le tuviera que poner un titulo a este periodo de mi vida sería algo así como Luces y Sombras en la gran ciudad o algo por el estilo. Luces porque era muy feliz con la persona que me acompañó durante esta época pero Sombras porque la vida aquí, la rutina, me estaba desfigurando por completo hasta el punto de haberme convertido en una leve sombra de ese Pol que llegó de Asia con el brillo en los ojos de quien tiene claro lo que quiere. Ahora más bien estaban inyectados en sangre de no dormir y completamente vacios. Sin alma.

Y lo peor de todo? Que no me daba cuenta.

Hasta que pasó lo que tenía que pasar y de repente, me quedé solo. Bueno, solo y con mi diablillo en el hombro que me llevaba por el camino de la amargura.

Pero fué entonces, cuando creía que ya todo estaba perdido, que llegó ese momento. De repente todo lo entendí. De aquí el fragmento de El dios de las pequeñas cosas que preside esta entrada, ya que se convierte en un preámbulo perfecto de lo que a mí me sucedió en ese preciso instante. Fue un momento, pero cambió mi vida.

Era o todo o nada, o ahora o nunca. O volvía a ser yo o me iba a tirar el resto de mi vida viviendo una vida que, ahora ya me había dado cuenta por fin, aborrecía profundamente. De hecho no considero ni que estuviera viviendo, sino más bien sobreviviendo, y eso me iba consumiendo, con lo que la decisión era fácil de tomar. Fue solo un instante, una fracción de segundo pero allí lo entendí. Era el momento de hacer eso que siempre había soñado. Era el momento de irle a dar la vuelta al mundo y, ya de paso, a ver si me encontraba detrás. Hacer que El sueño de mi vida, lo que llevaba anhelando desde que tengo uso de razón dejara de ser sueño para convertirse en vida. Tocaba despertar. Tocaba lanzarse a vivir de la forma más salvaje que existe, más pura. Y tocaba hacerlo ya.

Y porque en bicicleta? Pues, y porque no? Dado que el objetivo de este viaje es buscar esa libertad más primitiva que pueda enontrarse, hay acaso una forma más libre de viajar que pedaleando cuando te viene en gana y dejar de hacerlo cuando no? Hay acaso una forma de viajar más cercana con el medio que en una simple bicicleta? Hay una forma de compartir con la gente del lugar más pura que esta? La respuesta está clara, no.

Poco a poco iba entendiendo todo, y me vino a la cabeza un video que vi hace ya algunos años en el que sale Steve Jobs, el fundador de Apple, dando una conferencia para la graduación de Stamford diría que es.

En este video sale hablando, entre otras cosas, de conectar los puntos. Habla de que es totalmente imposible conectar los momentos de tu vida mirando hacia adelante, solo lo puedes hacer mirando hacia atrás con el paso de los años. Así que lo único que puede uno hacer es confiar en que estos puntos se conectaran alguna vez en el futuro para darle sentido a todas las decisiones que has tomado y para eso tienes que confiar en algo, en el destino, en tu instinto, en el karma, en lo que sea, pero tienes que creer que esos puntos se unirán y eso te dará la confianza necesaria para hacer aquello que realmente anhelas. Tu tírale y confía en que todo saldrá bien.

Entendí que no me tiene que dar miedo eliminar de un plumazo mi vida aquí para irme a vivir una vida llena de incertidumbres, entendí que, el coger impulso para salir de un salto de esta puta pecera en la que estoy metido, con el tiempo, será la mejor decisión que nunca pude tomar y que, de hecho, se venía fraguando desde hace muchos y muchos años, por fin pude conectar mis puntos y supe que era este y no otro el camino a seguir.

Entendí que si, de acuerdo, el día de nuestro nacimiento ya marca muchas de las cosas que nos pasarán con los años, pero no es más importante que cuando escuchaba hablar de mi tío por primera vez o cuando hojeaba ese viejo atlas hecho pedazos. Entendí que es exactamente igual de importante que cuando decidí tomar ese avión hacia Cuba siendo un crio o cuando arrancamos el motor de la furgoneta para ir a buscar nuestros Mares del Sur a 25.000 km de distancia. Pero también igual de importante el hecho de haberme quedado estancado en una vida rutinaria durante 5 años que me llevaron al borde de la extinción. Sin ellos lo más probable es que nunca hubiera tenido el valor suficiente para lanzarme a cumplir mis sueños sin que nada me importara ya.

Ver todo esto y que todo estaba conectado es lo que me dio la fuerza para acabar con todo, poner en venta mis cosas, decir en el trabajo que me largo, empezar a despedirme de mi gente, la familia y sobretodo hacerlo con la convicción de que todo, absolutamente todo, saldrá bien.

Así que con todo esto solo me queda una cosa por hacer y es agarrar la bicicleta y empezar a dar pedales como un loco. En el fondo como lo que soy, un loco, un tarado de la vida, que lo único que quiere es que esta no se escape, que quiere vivir su vida y no la de otros, y que para que esto no pase, le va a poner remedio desde ya.

2 Respuestas a “Pero, a ver Pol, porque darle la vuelta al mundo en bicicleta?

  1. Joder Pol. Si sabes hacer algo es emocionarme cada dia y sorprenderme. Bueno sorprenderme no porque siempre he sabido cual era tu camino. Estoy contento y feliz porque se que al final vas a emprender tu sueño, pero sabes que en tu viaje nos vamos a encontrar mas de una vez.No lo dudes.Te quiero hijo.

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