Crónicas del Danubio. Etapa 6: Neuburg an der Donau – Kelheim

Esta mañana la idea era muy clara. Si quería llegar bien a mi destino, que no era otro que Kelheim, tenía que ir por faena, no por los quilómetros que había de un punto a otro, que es algo más que razonable para una jornada de pedaleo sino porque entre medio de estos había dos paradas inevitables: Ingolstad y el ferry que tenía que tomar para llegar a Kelheim así que no me podía entretener en salir.

27/08/2015 Etapa 6: Neuburg an der Donau – Kelheim (78,2km) [407,6 km]

Con esto, no eran ni las 9:00 de la mañana que ya estaba dando pedales a orillas del Danubio con una meta muy definida: no parar hasta Ingolstad, a 22km de Neuburg.

The show must go on!

The show must go on!

Para llegar a Ingolstad hay dos opciones. Una es siguiendo la carretera que sale de Neuburg, y que es digamos la ruta “oficial” y la otra es coger una pista que recorre, a lo largo de 20km, el Danubio por su lado norte.

Obviamente yo he cogido esta segunda y mejor no podía haber hecho. Os juro que en 20 km no me he cruzado absolutamente con nadie y el recorrido es para pintarlo en un cuadro. Precioso. Y lo mejor, te deja en el mismo centro de la ciudad.

Para cogerla, ya que esta no está muy bien señalizada, tenéis que coger una pista que sale de la carretera a mano iquierda justo antes de entrar en la zona de polígonos de Neuburg, como a unos 2 o 3 kilómetros de salir y desde allí ir a buscar la evidencia de la orilla del río. Cuando estés en ella, ya está no hay perdida. Todo recto.

Mi llegada a Ingolstad ha sido un tanto peculiar. Me he parado en la afueras para dar la vuelta al mapa, y de repente un hombre trajeado ha venido en mi busca a preguntarme que buscaba. De hecho no buscaba nada pero el, todo preocupado, me ha dicho que me acompañaba donde quisiera ir, y así, de esta guisa, hemos ido los dos en nuestras bicis hasta la misma plaza Rathausplatz, donde se ha despedido deseándome un buen viaje y hasta la vista. Muy majo el hombre.

Si hablamos de Ingolstad hablamos de una de las ciudades más ricas de Baviera, igual más que Múnich y todo, y eso se ve a simple vista. El motivo? Pues uno de ellos lo descubriréis muy fácilmente con tan solo mirar los coches que circulan por la calle. NO exagero si digo que de cada 10 coches, 7 son Audis. No en vano esta marca tiene su sede aquí con lo que es orgullo de la ciudad. Además en las afueras hay varias refinerías de petróleo por si fuera poco. Vamos que pasta hay un rato.

Calles de Ingolstad

Calles de Ingolstad

En cuanto a lo que a mí me llama la atención, principalmente se centra en que es aquí donde viajó el joven Viktor Frankenstein para estudiar medicina y acabo liándola al crear a su monstruito.

Hoy en día se puede visitar el antiguo instituto de anatomía el Museo de la historia de la medicina donde encontramos esqueletos, fetos de siameses e un sinfín de instrumentos anatómicos y forenses de los antiguos experimentos que aquí se realizaban. Muy a mi pesar, al ir solo, y aunque estoy convencido que no hubiera pasado absolutamente nada de nada, no he podido entrar en él por no saber qué hacer con todas mis cosas. Sin duda uno de los hándicaps de viajar en bicicleta solo como la 1.

Ingolstad

Ingolstad

El Altstadt, para mi gusto, claro está, igual un poco flojo, sobretodo en comparación con los que hemos visto de camino, aún así guardar una hora bien buena para visitar la ciudad y una vez hecho, ala, a rodar.

Puerta de entrada a al ciudad

Puerta de entrada a al ciudad

Ingolstad

Ingolstad

Ingolstad

Ingolstad

Ingolstad

Ingolstad

A partir de aquí tampoco tiene perdida vamos, otros 20 km a orillas del río, y aquí incluso puedes escoger en cuál de las dos orillas quieres ir hasta Vohburg, donde cambiamos la orilla por el filo del dique de contención que tiene el Danubio a ambos lados.

Rodando por encima de los diques del Danubio....bajo un sol demoledor

Rodando por encima de los diques del Danubio….bajo un sol demoledor

La misma tónica otros tantos quilómetros, todo muy tranquilo, prácticamente sin cruzarte a nadie y con unos paisajes que hacen que los quilómetros pasen igual demasiado rápido. Lo único malo que puedo decir yo es que aquí ya el sol estaba cayendo de justicia y las sombras eran más bien escasas así que sobretodo recordar ir cargados de agua. Yo para este tema llevo una botella de litro y medio en la bici y otra en la mochila y a la que puedo, las lleno. Más que nada porque nunca sabes dónde puede estar la próxima fuente y quedarse sin agua aquí es igual a pasar un mal rato. Para que os hagáis una idea hoy han caída ni más ni menos que 6 litros de agua en todo el día en la bici.

Calor y cuestas...que hermosa combinación

Calor y cuestas…que hermosa combinación

Y en Eining la cosa ya cambia, aquí el Danubio se encañona con lo que es prácticamente imposible seguirlo por su orilla así que hemos de girar 180 grados prácticamente y coger la carretera que sale del pueblo. Aquí tendremos algún que otro calentón, aunque muy llevadero para acabar bajando a rienda suelta entre campos de maíz y de uvas hasta llegar a Weltemburg, famoso por su Abadía benedictina y por ser el punto de inicio de las gorgas del Danubio. Aquí sí que ya no hay tu tía. O te zampas una carreterita llena de coches y que sube como un demonio o te pillas un ferry la mar de majo casi en la puerta del monasterio y llegas a Kelheim como un reí.

En esta abadía termina la carretera...

En esta abadía termina la carretera…

Supongo que sabéis lo que he hecho yo, verdad?

Aquí, el Danubio hace como unas especies de playas y está lleno de gente bañándose y haciendo el cafre y a eso hay que sumarle la gente que viene a ver el monasterio con lo que de la tranquilidad con la que veníamos todo el día, ya ni rastro.

En este punto el Danubio se convierte en cañón...

En este punto el Danubio se convierte en cañón…

En las paredes del convento están las marcas de donde llegó el río en sus crecidas

En las paredes del convento están las marcas de donde llegó el río en sus crecidas

El billete se compra justo en la puerta de la Abadía y vale 8,5€ uno más la bicicleta mientras que los embarcaderos están al final de la pista. No os asustéis con la cola que hay para embarcar. Al ir con las bicis la mujer os abre una cadena y os deja saltárosla, ya que lo primero que tendrá que entrar en el barco son las bicicletas, algo bueno tenía que tener.

Y ahí viene mi ferry...

Y ahí viene mi ferry…

Y aquí mi ferry casi le pasa por encima a un tarao que estaba nadando

Y aquí mi ferry casi le pasa por encima a un tarao que estaba nadando

Destino: Kelheim

Destino: Kelheim

Una vez en el barco, al que ya veréis que acaba subiendo mucha gente, este va resiguiendo el curso del río entre formaciones de piedra caliza de lo más curiosas y pasando por cañones considerablemente estrechos mientras va esquivando kayaks y más kayaks que han venido a pasar el día en el río.

El convento en la distancia

El convento en la distancia

Hay puntos realmente estrechos...

Hay puntos realmente estrechos…

El trayecto dura como unos 20 minutos, el tiempo justo para saborear un curriswurtz con patatas fritas y una cerveza helada y bajarte ya del barco recién comido.

Obviamente la gente no entiende que hace este loco comiendo a las 14 de la tarde pero yo me he quedado más a gusto que un arbusto, y por solo 5,5€, que está de puta madre, vamos.

Mi comida!!

Mi comida!!

Desde aquí ya queda poco para nuestro final pero no podemos decir que ya hemos llegado. El camping no se encuentra en el mismo Kelheim sino que está como a unos 6 km más adelante, en la misma ruta que nosotros seguimos, eso sí, pero en un pueblecito llamada Hermsaal y en donde no hay absolutamente de nada con lo que si tenéis que comprar comida o algo así hacerlo en Kelheim púes allí poco encontrareis.

Llegando a Kelheim

Llegando a Kelheim

Kelheim

Kelheim

Selfie boat

Selfie boat

Si para subir las bicis lo hacen primero, para bajar lo hacen las ultimas

Si para subir las bicis lo hacen primero, para bajar lo hacen las ultimas

 

Kelheim

Kelheim

Kelheim

Kelheim

Kelheim

Kelheim

Kelheim

Kelheim

Y esta vez toca una granja. Lo que escucháis, un hombre mayor, que solo habla alemán y que ha convertido su granja en un camping, pero la mar de currado eh, nada de cutrerias. Y el hombre muy majo. Sin entender ni papa de lo que yo le decía ni yo de lo que me decía él, lo primero que ha hecho al verme llegar sudado como un cerdo y con cara de reventado ha sido sacarme una cerveza de la nevera, ponerme un banco a la sombra y que me sentara allí a descansa mientras él se bebía otra cerveza y nos intentábamos, en vano, entender. Muy majo y la cerveza me ha reanimado, la verdad

Y ahora solo queda el ritual de cada tarde: buscar un sitio para montar la tienda, una buena ducha, una buena cerveza fría y a ver el Danubio pasar..algo más se puede pedir?

Y el camping de hoy...

Y el camping de hoy…

 

2 Respuestas a “Crónicas del Danubio. Etapa 6: Neuburg an der Donau – Kelheim

  1. Muy majo el flipao sorteando ferrys durante su baño… Una pregunta, si viajas a dos en bici estás obligado a hacer las visitas puntuales a museitos o iglésias solo igualmente, uno luego el otro… Qué solución ves tú a ese dilema? Candados para las maletas? Más cadenas?

    • Bueno, eso ya depende de cada uno, yo en el Walhalla si que la dejé pero en una gran ciudad dejarla solo toda cargada y irte un buen rato no se, malo yo creo…y los candados de poco sirven cuando te rajan la alforja y te quitan todo…mejor o hacer turnos depende de donde estés o dejarla a alguien que la vigile..

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