Crónicas del Danubio. Etapa 4: Ulm – Dillingen

A pesar de que ya tenía ganas de volver a dar pedales, no voy a negar que dejar la cama, y más sabiendo que seguramente sería la última hasta la mía, ha costado lo suyo. De todas formas, esa responsabilidad que tengo al viajar y de la que carezco por completo en mi vida diaria a hecho que al sonar el despertador a las 8:00 de la mañana me levantara y empezara a recoger el zafarrancho que tenía montado en la habitación que no era poco, la verdad es que en solo dos días impresiona la que puedo llegar a liar.

Hoy la etapa era cortita, menos de 60 km con lo que la verdad me lo podía tomar bastante con la calma y así ha sido, aunque al final tampoco ha servido de mucho ya que he llegado igualmente temprano, pero bueno, mejor así que no que me pille el toro.

25/08/2015 Etapa 4: Ulm – Dillingen (57,5 km) [257.2 km]

Salir de Ulm es una autentica gozada. Un carril bici a metro y medio del Danubio te lleva a lo largo de 10 km volando, sin darte cuenta, hasta llegar a Thalfingen, donde el carril bici se separa del Danubio hasta llegar a Elchingen.

Empezamos a rodar, va...

Empezamos a rodar, va…

Una vez aquí empieza seguramente lo más bonita de la jornada y es que, de repente, el asfalto se acaba y te adentras en un interminable bosque que no deja entrar el sol de lo tupido que es. Os recomiendo que antes de entrar, si vais temprano, os abriguéis porque la diferencia de temperatura es bestial.

Shadow selfie

Shadow selfie

Así transcurrirá la mayor parte del día, tranquilas pistas sin asfaltar (pero en buen estado, no os preocupéis) y densos bosques inacabables y siempre, siempre con el Danubio a escasos metros nuestros.

Uno de los mejores tramos de día...

Uno de los mejores tramos de día…

Si queremos descansar de tanto bosque podemos (y debemos) desviarnos a Günzurg, con una bonita Marktplatz que, si tenéis la suerte de pillarla en día de mercado como yo, la encontraréis de lo más animada y de lo más autentica con sus puestos de quesos, salchichas, verduras y la gente del pueblo comprando en ellos.

Gunzburg

Gunzburg

Y su animado mercado...

Y su animado mercado…

Yo he aprovechado para desayunar en un banco de la plaza observando el espectáculo y con la tontería una hora que me he tirado.

Al salir de Gunzburg tenemos dos opciones, la primera, es volver al canal por el que veníamos, y encontrarnos con una de las imágenes más preciosas del Danubio, lleno de aves entre los miles de nenúfares que hay en sus orillas, y un carril bici a tocar del agua. Aquí no sé cuando debe de hacer de ancho el río pero me atrevería a decir que 100 metros mínimo. Es un monstruo.

Aquí el río ya es gradne, grande

Aquí el río ya es gradne, grande

El otro se adentra en los bosques de Freyberg para llegar también en Offingen. Feo no debe ser, seguro, pero el tramo del Danubio es espectacular. No sé, decidir vosotros.

Momentos de descanso..

Momentos de descanso..

A partir de aquí vuelve un poco la tónica de los campos de cultivo, eso sí, con el río ya bien presente siempre a nuestra derecha y los pueblos van pasando rápidamente: Offingen, Peterswörth, Gundelfingen.

Mención especial merece Lauingen, con una Marktplatz preciosa y un paseo alrededor de la muralla digno de ver. Aunque también se ha de decir que se ve rápido, muy grande no es, vaya.

Lauingen

Lauingen

Lauingen

Lauingen

Si vais con tiempo os recomiendo tomaros una cerveza en el Bier Garten que hay junto a la puerta de entrada de la ciudad, las vistas son preciosas y la cerveza esta helada.

Antiguas murallas de Lauingen

Antiguas murallas de Lauingen

Antiguas murallas de Lauingen

Antiguas murallas de Lauingen

Y con esto ya llegamos a Dillingen. Rápido, verdad?? Si queréis ir al camping, a la salida del bosque por el que se llega a la ciudad, en lugar de seguir las señales del Danubio, seguir a mano derecha unos cartelitos amarillos donde pone Campingplatz y en menos de dos quilómetros llegareis a él. Antes, por eso, pararos en una especie de fuentes para los pies que hay nada más coger la pista. Es como una especie de fuente de agua a presión, del Danubio, supongo, y por la que vas pasando descalzo mientras te va dando el agua. Es genial, dan ganas de estirarse y que te dé entero pero no es plan la verdad porque está lleno de abuelitas que no entenderían lo que hace este tío tan raro.

Últimos quilómetros

Últimos quilómetros

Con todo esto no era ni la 13:00 que ya estaba en el camping.

Los Campings aquí, al menos los que yo he visto hasta el momento, no son como a los que nosotros estamos acostumbrados, acostumbran a ser otros negocios que, al tener un terreno al lado o algo así, aprovechan y los habilitan como tal.

Cuando yo he llegado al de Dillingen, con lo que me he encontrado es con una explanada de césped entre un minigolf y el río, muy currada, la verdad, pero lleno de conejos y patos. Humanos ninguno.

Y esto es el camping antes...

Y esto es el camping antes…

Las duchas están al lado del minigolf, junto a los servicios y a las lavadoras, todo muy limpio y cuidado, como todo aquí en Alemania, claro.

Pero al no haber nadie he preferido ir a comer al centro, así también ya lo veo, y hacer un poco de tiempo porque no me mola irme y dejar todas las cosas aquí, tener en cuenta que no está cerrado ni vallado por ninguna parte.

Dillingen bien merece una visita. Su Alstadt es precioso, y las torres de entrada a la ciudad están intactas. Justamente debajo de una de estas torres, en un pequeño garito regentado por una abuelita encantadora, me he comido mi curriswurtz del día y un bratswurtz delicioso, igual el mejor hasta el momento, regado con cerveza y todo por 7€. Alemania, si se quiere, no es cara. Lo que pasa es que la gente tiene mucha pasta que no es lo mismo, pero muchas cosas tienen el mismo precio que en Barcelona, e incluso algunas más baratas, como la gasolina, la comida o la cerveza.

Calles de Dillingen

Calles de Dillingen

Mi comida a la sombra con mi montura esperando...rollo cowboy...

Mi comida a la sombra con mi montura esperando…rollo cowboy…

Dillingen

Dillingen

Y ahora ya sí, hacia el camping de nuevo. Me apetece bajarme al Danubio en alguna de sus muchas escaleras que te llevan hacia el agua y ponerme a leer bajo el sol mientras el día va llegando a su fin, mientras tranquilamente la gente va llegando, van montando sus tiendas, haciendo sus planes para mañana, preparando la cena.

Y esto es el camping después...

Y esto es el camping después…

Compartimos alguna que otra cerveza con algunos, con otros simples saludos pero entre todos hay una complicidad especial. Será el Danubio?

Será.

2 Respuestas a “Crónicas del Danubio. Etapa 4: Ulm – Dillingen

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