Una tarde en Múnich tras los dementes pasos del Terceir Reich

Después de pasar la mañana en Augsburgo para descubrir su Fuggerei, mi tren, esta vez sí, regional, llegaba a la estación central de Múnich hacia las 15:00 de la tarde, justo para comer alguna cosa rápida y tener la tarde para mí y la ciudad hasta encontrarme con Bernd a las 19:00 en su apartamento para hacer una cena de despedida en casa.

Así pues, mi trabajo ahora era decidir que quería hacer, o mejor dicho, que, de todo lo que quería hacer, era lo que más me tiraba, así mejor.

La guía de la ciudad que llevo, la de Jordi Orts, de muniqueando, sugiere un itinerario para conocer la Múnich de Tercer Reich, íntimamente ligado a la ciudad y recorrer los lugares más trascendentales de esta parte de la historia de la humanidad y de la que aquí, en Múnich, se escribió una parte importante.

Otra opción sería meterme en la Residenz, que ayer me dejé pendiente pero la verdad es que prefiero que me dé el aire y caminar así que no se hable más. Adjudicado.

Es una lastima pero una realidad que de la Múnich que vemos ahora, la inmensa mayoría, son reconstrucciones posteriores a la segunda guerra mundial, no en vano, a los aliados no se les pasaba por alto que esta ciudad era la cuna del partido nazi y que además albergaba importantes industrias armamentísticas con lo que fue objeto de más de 70 bombardeos durante la guerra en las que cayeron más de 3,5 millones de bombas que destruyeron el 45% por ciento de la ciudad y el 90% del Altstadt, casi nada, vamos.

La ruta empieza por el Stadtmuseum, el museo de la ciudad, que está situado en lo que antiguamente eran las galerías Uhlfelder, saqueadas y incendiadas el 9 de noviembre del 38, en la tristemente conocida como noche de los cristales rotos. Obviamente, al ser el bastión del partido nazi, los judíos de la ciudad sufrieron las consecuencias de las locuras de estos mucho antes. Para que os hagáis a la idea, si la población de judíos antes de la guerra en Múnich era de unos 19.000 al acabar tan solo quedaban 84 en la ciudad.

Antiguas galerias Uhlfelder

Antiguas galerias Uhlfelder

Justo enfrente tenemos la nueva sinagoga de Múnich y el museo judío por si alguien tiene más ganas de profundizar en el tema.

La nueva Sinagoga

La nueva Sinagoga

No fue este mi caso ya que seguí hasta la famosa cervecería Hofbräuhaus, famosa en el mundo entero y por suerte no por el motivo que me lleva hasta aquí hoy que no es otro que es que fue aquí justamente, en el último piso de la cervecería, donde Hitler dio el discurso que se consideraría como la fundación del Partido Nazi.

Aquí tenemos el famoso edificio...

Aquí tenemos el famoso edificio…

Fachada de la, seguramente, cerveria más famosa del mundo

Fachada de la, seguramente, cerveria más famosa del mundo

Al salir de la cervecería dejo un momento de lado la ruta del Tercer Reich y me desvío por una de las calles más especiales de la ciudad y que no es otra que Maximilianstrasse.

Os juro que lo que he visto aquí no lo he visto en mi vida.

Que en Múnich hay pasta se ve a simple vista, no hace falta ser muy inteligente para saberlo. Con ver los coches que lleva la gente, como viste, las tiendas, los precios (algunos). Pero es que lo de esta calle no tiene nombre.

Medirá igual un quilómetro de largo, igual algo más, pero lo que se junta aquí podría comprar media tierra y ni se darían cuenta. Ferraris, Lamborginis, Porsches (aunque por lo visto aquí en Múnich el Porsche no es nada del otro mundo, eh, los ves en cada esquina a puñados, vamos), esto es lo más normal del mundo pero es que luego, un Rolles-Royce dorado con matricula de Dubai, un Aston Martín con unas iniciales a banda y banda en piedras preciosas, 5 Bentleys aparcados uno detrás de otro. Y esto solo hablando de coches, que si veis las tiendas, estuve a punto de entrar en una a ver cuánto tardaban en echarme a patadas. Algunas de ellas cerradas por que había alguien dentro que no quería que lo molestaran mientras se gastaba no sé yo cuánto dinero (ni quiero saberlo porque sino…), una tienda de móviles, de una marca que no había visto en mi vida, Marlo o Merlo o algo así, que eran hechos a mano en Inglaterra y que te costaban como unos 3.000 o 4.000 euros cada uno, ya ves, para luego jugar al Candy Crash igual. Bajjjj, tonterías mil, pero es una calle que si puedes ves a verla, eso sí, con el estomago vacío.

Lamborghini

Lamborghini

nada, el utilitario

nada, el utilitario

Desde aquí volvemos a la plaza de la Residenz y enfilamos hasta la Feldherrnhalle, donde la policía abortó un intento de golpe de estado de Hitler y los suyos en el 1923. Pues bien, como hubieron algunas bajas en las filas de los de Hitler, una vez este llegó al poder, hizo construir un monumento en memoria de los que allí perdieron la vida y hizo que lo custodiaran unos guardias de forma permanente. Obviamente, al pasar por ahí tenías que saludar al monumento sino te puedes imaginar lo que te pasaba. Pues bien, por detrás pasa un callejón que utilizaban algunas personas para evitar pasar por allí delante para hacer el paripé hasta que los descubrieron. En el suelo hay un caminito de bronce en recuerdo a estas personas.

Feldherrnhalle

Feldherrnhalle

Camino de bronze de quienes se negaron a pasar por el aro...

Camino de bronze de quienes se negaron a pasar por el aro…

Desde aquí yo tiré recto por la avenida que sale a continuación hasta llegar a la biblioteca de la universidad, aún con los impactos de las balas en su pared y un poco más allá vas a parar a la plaza de Hans y Sophie Scholl, verdaderos héroes que fueron asesinados por los nazis por luchar por la libertad.

Fachada de la universidad

Fachada de la universidad

Tener en cuenta que el pateo es considerable con lo que una buena opción igual es coger el autobús, aunque a mí lo que de verdad me gusta es caminarme las calles con lo que esto del transporte público lo evito lo máximo posible pero igual ahora no hubiera sido mala idea, la verdad, y es que la próxima para no es otra que la Königsplatz, verdaderamente a tomar por culo de donde estaba pero una visita obligatoria ya que aquí es donde se hacían todos los desfiles militares así como homenajes del partido nazi. Además, el edificio que hoy en día se utiliza como centro de investigación no era otro que la sede del partido nazi, también aún marcado por las balas y proyectiles en su fachada, mientras que lo que hoy es la escuela de música y danza de Múnich fue en su día la cancillería de Führer en la ciudad.

Konigsplatz

Konigsplatz

Konigsplatz

Konigsplatz

Antigua cancillería del Fhürer

Antigua cancillería del Fhürer

Detalles de la guerra

Detalles de la guerra

Y con esto, y unos cuantos quilómetros a mis piernas ya doy por terminada mi segunda jornada en la ciudad. Ahora toca volver a casa, preparar la cena y pasar mi última noche en Múnich con mi anfitrión, Bernd, hablando de su Alemania, de su Múnich, de su historia, hasta que, después de tres botellas de vino, el día llegó a su fin, y con él, mi Múnich.

Mañana empieza lo que de verdad he venido a hace aquí….mañana empiezo a rodar por el Danubio…

Así que próxima crónica….sobre dos ruedas…

A Rodar!!!

4 Respuestas a “Una tarde en Múnich tras los dementes pasos del Terceir Reich

  1. Muy interesante este itinerario!! Cuando fui a Múnich visité algunos de estos puntos pero otros no los conocía, como el caminito de bronce. Me los anoto para la próxima!!

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