La Memoria del Ararat, viaje en busca de las raíces de Armenia

Es un poco deprimente pero me he estado fijando y las pocas entradas que he publicado en esta sección siempre empiezan conmigo en un estado bastante lamentable. Los motivos, varios. A veces la odiosa rutina, otras el trabajo, otras alguna enfermedad. Sea por lo que sea, cada vez que recurro a publicar algún Viaje desde el Sofá la introducción viene a ser la misma: que si hoy a sido un día de mierda, que si llevo una semana enfermo en casa, que si esto, que si lo otro. Y os juro que me encantaría poder deciros que esta vez es distinto, que estoy en una hamaca entre dos palmeras, en algún lugar del Caribe, con una botella de ron y un cubo de hielo a mano y escribiendo desde mi portátil para compartir mi felicidad con vosotros. O que estoy en algún pueblecito de los Alpes de esos que cuesta pronunciar, dentro de mi furgoneta, comiendo queso y bebiendo cerveza, esperando que den buena meteo para poder ir a por alguna montaña. Incluso en algún aeropuerto, esperando mi vuelo, con el aire acondicionado a toda leche, imaginando donde irá cada persona que me cruce o de donde vendrá.

Pero que va, ni de coña.

Llevo una semana ya encerrado en casa, sin poder comer nada más que no sea caldo frío y helados (odio eterno a estas alturas), sin poder hablar, sin poder salir. Con analgésicos cada 4 horas y adelgazándome a razón de casi 1 kilo al día. A todo esto se le ha de sumar la peor ola de calor que está azotando el país y que Piba, la Pit Bull que me hace compañía no está muy fina de la barriga que digamos y se tira unos pedos que me dan ganas de vomitar lo poco que tengo en el estomago. Alentador panorama, verdad? Como mínimo me queda el tour, que aunque sean sus inicios está siendo de lo más movidito este año. Cada vez más me acuerdo del día que decidí quitarme las jodidas anginas que tantos problemas me estaban dando y, sobretodo, de hacerlo con ya 30 años. Pero ahora ya está, a lo hecho pecho y a buscar la manera de pasar estos días lo mejor posible. O mejor dicho, lo menos peor posible.

Si algo bueno tiene este suplicio premeditado es que, sabiendo lo que me esperaba,  tuve tiempo de preparármelo y que mejor sitio para hacerlo que en uno de mis santuarios por excelencia: la fabulosa Librería de Viajes Altaïr.

Fui el día antes de operarme, por la tarde, con tiempo para perderme en ella como a mí más me gusta hacerlo, sin nada en particular en mente, simplemente buscando ese libro que venga a mí. Estos ejercicios son reconfortantes pero necesitan de un mínimo de 3 horas para poder llevarlos a cabo. Es como una eliminatoria por fases. Primero hago una selección de los libros que más me tiran de los que me voy encontrando. Aquí acostumbran a sobrevivir una veintena más o menos y lleva como una hora superarla. A partir de aquí empiezo la criba. Si hay sofá, he triunfado, sino, pues donde pueda, en un taburete, de cuclillas o en el suelo, pero necesito tranquilidad. Algunos caen porque a la segunda ya no me llaman tanto, otros es por el precio, porque la letra es muy pequeña o porque en la foto el autor no me cae bien. E incluso algunos los descarto a peso. Sea como sea, este, mi ritual siempre termina con otro libro (s) en mi estantería. Más leña para el fuego, más gasolina para mi día a día.

Y aunque algunas veces aún salgo con la duda de si tenía que haber pillado este o el otro, esta vez no era un caso de esos. La verdad es que me fue muy fácil la elección. El Motivo? Ni idea, como la mayoría de las veces, pero cuando tenía la Final Four delante no tuve dudas de que libro pasaría a engordar mi colección.

Armenia, Georgia, Azerbaiyán. Son países que, en mi caso, no he tocado mucho. Hace unos años, cuando preparábamos una ruta por tierra que nos llevara desde Barcelona hasta Bangkok los empecé a tener en cuenta pero duraron poco, rápidamente vimos que lo mejor era cruzar Turquía y meternos directamente en Irán y os mentiría si dijera que desde ese momento se convirtieron en grandes objetivos, estaban en la lista de sitios a los que ir, claro, pero es que hasta Calasparras está en ella, no es un club muy selecto vamos, pero no eran ni mucho menos una prioridad.

Hasta este año.

No tengo ni la más remota idea de los motivos que me hicieron que cada vez que miraba el mapamundi que tengo en casa la vista se me fuera más hacia allí.  De aquí el siguiente paso fue el cotilleo en la red, wikipedia, crónicas de viajeros que hayan estado, foros, guías. Pero lo que yo buscaba era esto. Era un empujón que me hiciera viajar y comprender al mismo tiempo. Era La Memoria del Ararat, Viaje en busca de las raíces de Armenia, de Xavier Moret.

Ya conocía a Xavier Moret de otros libros con lo que sabía que no me iba a decepcionar y que no me llevaba un simple libro de crónicas de un tío que se va de viaje y me cuenta hasta lo que desayuna, que va, sino que me podía mostrar los secretos de un país del que no conocía prácticamente nada sin por ello renunciar a la clave para entenderlos, que no es otra que su historia. Y si algo tiene, en este caso Armenia, es eso. Historia. Y que historia, no veas. Encrucijada de culturas desde hace miles de años, se podría decir que la suerte no ha estado muy de su lado en la mayoría de ocasiones y aún así siguen llevando el orgullo de ser Armenio a lo largo y ancho de este mundo.

De lectura muy amena y rápida, el libro cuenta el viaje que hicieron el autor y un amigo por el país de las granadas en primavera del 2013, a dos años justos del centenario del genocidio Armenio, hecho que, sin duda, a marcado la historia de este pueblo.

Mención aparte merece el hecho de que, aún hoy en día, 100 años después de que más 1.500.000 armenios fueran asesinados, solo 28 países hayan reconocido la existencia de tal. Y, obviamente, España no es uno de ellos. Si hacer que millones de personas crucen cientos de kilómetros de desiertos, sin posibilidad de cargar medios de subsistencia hasta que morían de sed y de hambre no lo es que me lo cuenten y si, a los pocos que sobrevivían, se los mataba a golpes para no gastar balas o a base de violaciones en grupo tampoco lo es pues entonces que me expliquen qué coño le podemos llamar genocidio. Porque supongo que el arresto y fusilamiento de miles de personas por el simple hecho de ser Armenios tampoco es susceptible de ser declarado como tal.

Imaginaros si tiene guasa que la mayoría de los países no reconozca el genocidio Armenio que hasta esta misma palabra, genocidio, fue creada por el jurista polaco Raphael Lempkin, quién, en 1944, y para referirse precisamente a este hecho formó del griego genos, que significa raza o tribu y de la palabra latina cidi, del verbo caedere, es decir, matar, esta trágica palabra que solo puede hacer que avergonzarnos. Pero tranquilos eh, que el genocidio no existió, fue solo un cumulo de despropósitos, vamos. Vergüenza de país (una vez más) y vergüenza de humanidad.

Pero por suerte Armenia no es todo genocidio. Armenia es el Ararat, símbolo del país aún encontrándose administrativamente en otro país, Armenia es albaricoque, son las películas de Paradjánov, Armenia es Ereván, Armenia es Echmiadzin, Garni, Geghard, Khor Virap o cualquier de sus muchos monasterios milenarios y prácticamente olvidados, Armenia es el sonido del duduk o también las pinturas de Arshile Gorky. Pero por encima de todo, Armenia es, cómo no, su gente. Tanto sus más de 2.000.000 de habitantes como sus armenios en la diáspora, que se cuentan por cientos de miles, y que llevan a su pueblo por todo el mundo aún sin haber estado, en muchos casos, nunca en el país.

Y sin prisa pero sin pausa, uno tras otro, vas recorriendo nuevos lugares, conociendo nuevos personajes, escuchando nuevas conversaciones, viendo nuevos paisajes y sin que, en ningún momento, se te haga pesado, pedante o llano. Todo lo contrario.

Recomendable 100%, tanto si tenéis pensado visitar el país como si simplemente queréis descubrir lugares nuevos. Para mí, la función ha sido doble. Uno, ayudarme a pasar al menos unos días de este suplicio y dos, hacer subir a este pequeño país unos muchos escalones en mi lista de futuribles así que chapeau. Buena elección, sí señor.

Portada de La Memoria del Ararat

Portada de La Memoria del Ararat

·Editorial:Peninsula

 ·Autor: Xavier Moret

               ·Precio aproximado: 17.90€

          ·Numero de paginas: 270

·Lengua: Castellano

 

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