Escapada a Roma: El Foro Romano o la eternidad hecha ciudad…

Cuando alguien se refiere a Roma como a la ciudad eterna estoy seguro que lo hace después de ver la imagen que tengo ahora mismo frente a mis ojos. Solo hace falta levantar la vista una vez situado debajo del perfecto Arco de Tito, ya dentro del recinto del Foro Romano, para que más de 2.000 años de historia desfilen delante tuyo. Me recuerda un poco a la típica imagen de la evolución del hombre, donde podemos ver las diferentes fases de la evolución hasta acabar en el Homo Sapiens actual con un tío hecho y derecho, sabéis cual os digo, verdad?? Pues aquí pasa más o menos lo mismo pero con la historia de Roma, es decir, con la historia de la humanidad, o mejor dicho, de nuestra humanidad.

Entrada al Foro Romano

Entrada al Foro Romano

Empieza bajo mis ya doloridos pies donde se abre la antigua Via Sacra, a banda y banda de la cual encontramos el centro neurálgico de la época de esplendor del imperio romano, con el foro que hacía a las veces de mercado, centro cívico y conjunto religioso. Es por esta vía por donde entraban los comandantes cuando llegaban a Roma victoriosos de sus batallas vencidas y eran aclamados por el pueblo. Con un poco de imaginación aún puedes sentir el bullicio de la gente que interrumpía sus compras en el mercado para honrar a sus militares mientras los senadores discutían, desde la curia, y confabulaban con cuál sería el siguiente golpe. Es un sitio ideal para dejar que la cabeza trabaje por su cuenta y te transporte a tiempos lejanos, la verdad.

Historia de la evolución desde el Arco de Tito

Historia de la evolución desde el Arco de Tito

El siguiente escalón de la evolución empieza donde termina la Via Sacra, concretamente en el Monte Capitolino, una de las siete colinas sobre las que se fundó Roma, y encarna el renacimiento con la preciosa Piazza del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel en 1538 y que hoy en día acoge a los Museos Capitolinos y al Ayuntamiento de Roma para terminar con el, llamémosle, curioso Altar de la Patria, conocido como Il Vittoriano construido en 1885 para conmemorar la unificación de Italia y honrar a Víctor Manuel II y que domina todo el fondo de pantalla desde donde nos encontramos. Y todos puestos en orden, uno detrás de otro, como si quisiera la ciudad dejar claro que ella está por encima de todo, de lo humano, y de lo divino. Y del tiempo, por eso es eterna, claro.

Arco de Tito

Arco de Tito

Nosotros entramos al Foro Romano por la entrada que da al Monte Palatino y tengo que reconocer que aquí cometimos un error. Os cuento. La entrada es la misma que para el Coliseo, con lo que no hay que pasar por taquilla pero nosotros quisimos coger también un Audio guía para enterarnos un poco más de la jugada (la tercera en tres días, llamadnos frikis  si queréis) y aquí es donde nos encontramos el problema. Los foros cierran una hora antes del atardecer y claro, a finales de enero como que los días muy largos no son con lo que teníamos 3 horas más o menos para hacer la visita tanto del Foro Romano como del Monte Palatino. En principio con 3 horas es más que suficiente pero resulta que teníamos que devolver los cacharros media hora antes del cierre y lo teníamos que hacer si o si ya que tenían el DNI de Fátima o lo que es lo mismo, si no llegábamos a tiempo yo se dé una que mañana se queda en Roma sin poder coger el vuelo a casa. Viéndolo a toro pasado quizás hubiera sido lo suyo hacer la visita al Coliseo una hora o dos antes para luego tener más tiempo para el Foro pero vamos, que tampoco es ninguna tragedia eh, lo que sí que igual no pudimos ir todo lo tranquilos que quisimos, sobre todo para la parte final que corresponde al Monte Palatino.

Recorriendo la Via Sacra

Recorriendo la Via Sacra

Basílica de Majencio

Basílica de Majencio

Pero una vez dentro ya al lío. Lo primero que te encuentras es el ya mencionado Arco de Tito, el cual se dice que sirvió de modelo para la construcción del arco del triunfo parisino. A partir de aquí los templos y las construcciones se van sucediendo una detrás de otra a cada cual más espectacular: la casa de las Vestales, con sus vírgenes esculpidas en mármol blanco alrededor de una doble piscina, la enorme Basílica de Majencio, el discreto templo de Romulo al lado del nada discreto templo de Antonino y Faustina. El Rostrum, donde los políticos ya le vendían motos al pueblo, la Columna de Foca, el Templo de Julio Cesar o el impresionante portal de los dioses Castor y Polux. Uno a uno se van sucediendo mientras que uno tiene que resignarse a contemplar en silencio este espectáculo. A contemplar y a admirar porque, sin tener en cuenta las grandes ciudades modernas tipo Nueva York, Honk Kong o Dubai, sin duda, estábamos ante la mayor obra urbanística de todos los tiempos, solo comparable, quizás, a lo que fue en su día Ankgor aunque algunos siglos después. Lo que jode es que, a diferencia de lo que muchos se pueden pensar, la gran parte de Roma no se perdió con los saqueos y asaltos que le sucedieron, que va, se perdió porque papas y curas tiraron de ella para construirse sus castillitos, palacios e iglesias que sino lo que tendríamos ahora mismo delante aún seria más espectacular. Pero lo que no puede la vista lo da la imaginación y de esta guisa, entre turistas y carteristas pasamos como hora y media sin apenas cruzarnos palabras, sintiéndonos romanos por un instante.

Templo de Antonino y Faustina

Templo de Antonino y Faustina

Templo de Romulo

Templo de Romulo

Casa de las Vestales

Casa de las Vestales

El Foro desde la Via Sacra

El Foro desde la Via Sacra

Pórtico Romano

Pórtico Romano

Muy a nuestro pesar, la parte final del foro, que comprende la Curia, sede del Senado, el Arco de Septimio Severo, mucho más grande que el de Tito y igualmente conservado en perfectas condiciones y el Templo de Saturno, entre otros, estaban cerrados al público y nos quedamos con las ganas aunque, como nos paso con la Fontana di Trevi, siempre va bien tener cuentas pendientes con una ciudad como Roma que te obliguen a volver.

La columna de Foca, la Curia a la derecha y entre ellos, el Arco de Constantino

La columna de Foca, la Curia a la derecha y entre ellos, el Arco de Septimio Severo

Templo de Júpiter

Templo de Júpiter

Con el Foro Romano disponible ya liquidado era el momento de empezar con el Monte Palatino,  uno de los barrios ricos de la antigua Roma donde vivían las clases más acomodadas y emperadores y donde se cree que Rómulo mató a su hermano Remo y fundó la ciudad allá por el 753 ac. El problema fue, por eso, que aquí nos dimos cuenta de que cuando disfrutas algo el tiempo pasa volando y en menos de una hora que nos quedaba para poder devolver los cacharritos no podíamos, ni por asomo, ver todo el Palatino como se tiene que ver: sin prisas y a tu ritmo. Y si al poco tiempo que teníamos le quitas el cuarto de hora que gastamos embobados contemplando las fabulosas vistas del Foro Romano desde los jardines del Palatino (Orti Farnesiani) la solución a nuestro problema solo podía ser una: el Palatino tendrá que esperar.

La entrada al Foro y el Coliseo desde los Jardines del Palatino

La entrada al Foro y el Coliseo desde los Jardines del Palatino

Y aquí el Foro restante, también desde los Jardines del Palatino

Y aquí el Foro restante, también desde los Jardines del Palatino

Eso sí, aunque fuera por encima queríamos poderle echar un ojo para tenerlo visto hasta que llegue el día en que podamos volver de nuevo así que, de esta manera, empezó una especie de contrarreloj por los antiguos palacios donde vivían a todo tren los emperadores, algunos de ellos realmente bien conservados. Cabe destacar la Domus Augustana, donde residía el emperador y donde, debajo de la cual, se encontró hace relativamente poco (2007) una cueva llena de mosaicos donde se cree que la Loba amamantó a Remo y Rómulo cuando los rescató del río Tiber y sobretodo el imponente Estadio donde los emperadores entrenaban y hacían sus juegos para entretenerse. Con todo, al final, incluso tuvimos que correr (y os aseguro que nuestros cuerpos ya no estaban para ello) para llegar a tiempo y recuperar el DNI de Fátima.

Restos de azulejos de la Domus Augustiana

Restos de azulejos de la Domus Augustiana

Postal desde el Palatino

Postal desde el Palatino

Aquí el pequeño gimnasio del amigo...

Aquí el pequeño gimnasio del amigo…

Y una vez ya sabíamos que mañana volveríamos los tres hacia Barcelona seguimos con nuestra particular historia de la evolución con el Renacimiento en la coqueta Piazza del Campidoglio. Nosotros aquí llegamos desde el callejón que da a la Via dei Fiori Imperiali por pura practicidad y porque no estábamos para muchos más rodeos pero lo suyo es subir por la escalinata que diseñó Miguel Ángel y que da a la Piazza d’Ara Coeli para encontrarse con la plaza en todo su esplendor. Se da el caso de que si a vista del ojo humano la plaza parece un rectángulo perfecto no hay nada más lejos de la realidad ya que Miguel Ángel la diseñó de forma trapezoidal para que la plaza parezca más grande de lo que es en realidad y para que se diera esa imagen de perfección ya que si realmente fuera rectangular se vería descompensada al mirarla de frente. Curioso pero nada nuevo: los griegos ya sabían que el ojo humano no dice la verdad y por eso le dieron la misma forma al gran Partenón de Atenas. Que os parece?

Subiendo a la Piazza del Campidoglio

Subiendo a la Piazza del Campidoglio

Ayuntamiento de Roma en el Campidoglio

Ayuntamiento de Roma en el Campidoglio

La escalera buena para llegar al Campidoglio

La escalera buena para llegar al Campidoglio

En esta plaza, situada en la colina donde antes se levantaba el templo más importante de la antigüedad, el de Júpiter, aparte de encontrarse la sede del ayuntamiento de la ciudad, que cierra la plaza por el lado del Foro Romano también se encuentran los museos que por muchos están considerados los más antiguos del mundo: los Museos Capitolinos, fundados en 1472 nada más y nada menos. Y es en la puerta de estos donde viviríamos otro de nuestros ya conocidos dilemas. El motivo? Pues que el tiempo pasaba y teníamos que escoger entre los Museos o el Castel Sant’Angelo.

La entrada más o menos cuesta lo mismo: 9,50€ para los museos por 8,50€ para el castillo con lo que por ahí no se podía decantar la balanza. Además queríamos ir igual hasta el Castillo entráramos o no para hacerle unas fotos de noche así que por ahorrarnos la pateada tampoco podría ser. Y entonces que hacemos va?? Un buen rato estuvimos deliberando que si va entramos, que si mejor el castillo que ayer ya tuvimos bastante de museos que si esto que si lo otro. Y al final sabéis como lo decidimos?? Pues yo tampoco, solo sé que de repente estábamos en el patio del Palacio de los conservadores con una cabeza de mármol tallada en frente nuestro de mi tamaño (y pequeño no soy), una mano igualmente desmesurada y un pie más grande que mi cama. Con este recibimiento ya las dudas de si hacíamos bien en escoger los muesos se nos disiparon y empezamos con el. Pero los restos de esta estatua de Marco Antonio (en origen media más de 12 metros de altura y estaba situada en el Foro Romano) no eran más que el comienzo eh. La verdad es que vale la pena aunque no entiendas mucho de arte, como es nuestro caso. Bueno n nuestro caso no es que no entendamos mucho, es que no tenemos ni la más remota idea, vamos.

Un piececito...

Un piececito…

Una cabezita...

Una cabezita…

Y restos de esculturas en el patio de acceso a los Museos Capitolinos...

Y restos de esculturas en el patio de acceso a los Museos Capitolinos…

Las esculturas aquí expuestas son miles pero, al menos para mí, habían dos que quería ver si o si: la Medusa de Bernini y, sobretodo, la Loba Capitolina, símbolo de la ciudad y expuesta en una de las salas del primer piso. Lo curioso de esta obra, y que la mayoría de gente no sabe, es que se hizo por separado ya que mientras la Loba, en realidad, se trata de una escultura etrusca, es decir, anterior al imperio romano, los bebes que maman de ella fueron un añadido que se puso bastantes siglos después, allá por el siglo XVI. Buena esta, verdad?

La Medusa, de Bernini

La Medusa, de Bernini

Bustos y más bustos...

Bustos y más bustos…

La Loba Capitolina

La Loba Capitolina

Una estatua de bronce de Marco Aurelio montando a caballo o, ya en el Palacio nuevo, al que se accede por debajo de la plaza, la Venus Capitolina y el Galo moribundo son otros de los platos fuertes de los museos aunque repito, son miles las obras aquí expuestas. Así que si os gusta esto del arte y de las estatuillas reservarle unas buenas horas porque bien lo valen. Nosotros con un par ya hicimos, la verdad.

El Galo Moribundo

El Galo Moribundo

Marco Aurelio

Marco Aurelio

Fuente en el Patio del Palacio Conservador

Fuente en el Patio del Palacio Conservador

Después de esto, nuestro día, y con él, nuestra escapada a Roma, ya llegaban a su fin, no sin antes ir a robarle algunas fotos de noche a Sant’Angelo y al Vaticano. Pero claro, eso estaba como a la otra punta de la ciudad así que venga, pies para que os quiero y a andar de nuevo que no ha sido nada.

Aprovechamos por pasar por delante del Altar de la Patria, el curioso monumento a la unificación italiana, situado en la Plaza Venecia y que, por otro lado, los romanos odian a más no poder. El motivo, supongo, será que, entre tanta grandeza sutil intentaron comprar la eternidad a base de ser más grande que el otro y eso, en Roma, no funciona así. Me juego lo que queráis que, ya no en 2.000 años, sino en mucho menos, ni en 1.000, esto no seguirá aquí mientras que el Coliseo, el Foro y compañía continuarán marcando el ritmo de la ciudad. Y sino de aquí 1.000 años me lo decís. Tiempo al tiempo y es que las cosas, o se hacen con arte y con alma o mejor no se hacen.

Altar de la Patria, juzgar vosotros mismos...

Altar de la Patria, juzgar vosotros mismos…

Para llegar hasta el Vaticano subimos la Via del Corso, quizás la arteria principal de la ciudad y que une la Piazza Venecia con la Piazza del Popolo. Sería algo así como el Passeig de Gracia a la romana para que nos entendamos, donde las tiendas de lujo se alternan con las de souvenirs para que los turistas, ya sean en unas o en otras se dejen toda la pasta posible.

Pero nosotros de pasta poca así que recorrimos el Corso a velocidad de crucero y una vez llegados al Popolo, ya de noche cerrada, cruzamos el Tíber para encontrarnos con Sant’Angello, eso sí, no sin antes aprovechar la ocasión de acercarnos (total, qué más da un quilómetro más o un quilómetro menos) por el legendario Gelarmony, donde, según dicen, se pueden comer algunos de los mejores helados de toda la ciudad y eso aquí, junto con el café, son palabras mayores. Como no podía ser de otra manera, los rumores eran ciertos y después de disfrutar (una vez más) como niños, con los morros llenos de helado, nos dirigimos a robar una de las fotos nocturnas, siempre según dicen, más bonitas de toda la ciudad.

Yo la verdad es que de fotografía, idea, poca. Sí que es cierto que cada vez me gusta más y que voy aprendiendo mis truquillos pero no me voy a engañar, no tengo ni la más remota idea así que si me dicen que en algún sitio en concreto salen las fotos que parecen de película pues allá que me voy. No hay nada como reconocer uno mismo sus carencias, verdad? Que no sé hacer una foto guapa? Pues voy donde la foto ya lo es por sí sola, y la verdad que Sant’Angelo lo es. Y es que aquí se junta que si, ya de por sí, el castillo, que inicialmente fue construido para albergar el mausoleo de Adriano, ya es bonito en sí mismo, además tiene el valor añadido de que el puente que lleva a él cruzando el Tíber fue obra de Bernini y sus discípulos y es una autentica belleza, igual incluso más que el Castillo en sí. Lo que sí que se seguro es que un trípode es fundamental para esto de hacer fotos de noche, sobre todo para no tener que ir estirándote en el primer murete que pillas mientras la pasa la gente mirándote con cara de: mira ese borrachuzo que no se aguanta ni de pie. Que si es verdad no me importa eh, lo asumo sin ningún problema ni tan ancho pero por una vez que no me voy arrastrando porai pues me jode dar esa imagen.

San Pedro desde el puente de Sant'Angelo

San Pedro desde el puente de Sant’Angelo

Sant'Angelo

Sant’Angelo

Una de las estatuas de Bernini y sus discipulos

Una de las estatuas de Bernini y sus discipulos

Lo que sí que nos decepcionó un poco fue el Vaticano. Oye, que la fachada iluminada esta guapa, no nos vamos a engañar, pero no sé, como que me lo imaginaba más espectacular. Supongo que el hecho que la columnata de Bernini esté a oscuras pues le resta un poco de espectáculo, no sé. Pero por el Castillo ni lo dudéis! Trípode al hombro para adelante! Eso que os llevaréis para la eternidad.

La Basílica de San Pedro desde el Castillo de Sant'Angelo

La Basílica de San Pedro desde el Castillo de Sant’Angelo

Fachada de San Pedro del Vaticano

Fachada de San Pedro del Vaticano

Y con ese click, desde la otra orilla del Tíber, con el puente iluminado y el Castillo de telón de fondo terminaba oficialmente nuestra escapada a Roma. Bueno, oficialmente no. Aún nos quedaba la cena y esto, aquí, en Roma, es mucho todavía y es que, si algo hemos aprendido es a disfrutar de la comida romana como de la escultura más antigua o del templo mejor conservado. Simplemente me quito el sombrero. Si llevara sombrero, claro.

Para nuestra última cena escogimos un restaurante en el centro, justo detrás de la Piazza Navona, de camino ya al apartamento (después de más de 28 km andados ya iba siendo hora) y después de pegarle un último vistazo a la Fontana dei Quattro Fiumi, una de mis preferidas de la ciudad y que tuvimos la suerte de tener hoy para nosotros solos.

Fontana dei Quattro Fuimi

Fontana dei Quattro Fuimi

Pero volviendo a la cena, el elegido fue el Casa Paolo, un sitio del que no teníamos ni idea, nos lo encontramos, nos gustó, entramos y…premio! Como cenamos, por diós. EL sitio de los que nos gustan, antrajoso. Uno de los mejores indicadores son los manteles: como más antiguos más bien se come. Y estos eran viejos pero viejos. La Pizza de ayer del Remo dejó el pabellón muy alto así que hoy tocaba pasta. A la carbonara para Fati y Cristian y all’amatriciana para mi, es decir, con pecorino romano y panceta. Simplemente delicioso. Obviamente la cerveza fría no faltó como tampoco los ya habituales supplis, las croquetas de arroz que nos han acompañado en todas y cada una de las comidas que hemos hecho desde que llegamos.

La Dolce Vita

La Dolce Vita

Pero como todo lo que empieza, termina, al final la cena también tocó a su fin y casi sin darnos cuenta que ya estábamos de nuevo recorriendo las estrechas callejuelas de la ciudad. Fue en silencio que nos despedimos de ella, cada uno a su manera, pero seguro que con la absoluta convicción de que ni mucho menos esto era una adiós.

Al viajar hay lugares que te gustan más que otros, sitios que te marcan y sitios que pasan delante de ti como una simple salida de la autopista. Ciudades donde no te importaría volver pero en cambio no vivirías allí ni loco y lugares que, con los ojos cerrados harías la maleta y te presentabas a sus puertas. Aún en el apartamento, preparándonos para pasar nuestra última noche en la ciudad ( a las 6:00 de la mañana salía nuestro tren hasta el aeropuerto) es aún temprano para poner en su sitio a esta ciudad , lo que sí que puedo decir con total tranquilidad es que tiene algo que muy pocas ciudades me han despertado y no es otra cosa que la comodidad. Y no me refiero a la calidad de sus camas ni nada parecido. Me refiero a que uno se siente como en casa, sin sentirse extraño en sus calles, sin sentirse diferente. No hemos de perder de vista que estamos hablando de la antigua Caput Mundi, la antigua capital del mundo y si algo somos los viajeros es eso, ciudadanos del mundo. Que donde sitúa eso a Roma?? Pues donde va a ser, en su sitio por los siglos de los siglos. La sitúa en la Eternidad.

 

 

 

2 Respuestas a “Escapada a Roma: El Foro Romano o la eternidad hecha ciudad…

  1. Nosotros lo visitamos por la mañana y estuvimos mucho rato, aún sin audioguía! (íbamos con un librillo que mostraba como era antes)
    A los fans de la historia, es un lugar increíble 😉

    por cierto, jordi opinó igual! el vaticano de noche le decepcionó. En cambio, el Castillo es una pasada ^_^

    un abrazo!

    • verdad que si?? Con un poco de imaginación es espectacular el Foro…creo que con la entrada puedes hacer un día el Foro y otro el Coliseo…igual sería lo suyo para que no sea tan maratón….aunque a nosotroa ya nos gusta eh😆😆😆😆😆……
      Abrazooooos!!

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