Escapada a Roma: El Coliseo y la grandeza de lo macabro

La verdad es que siempre he estado más para allá que para acá, no os voy a engañar. Pero oye, desde siempre, esto no es nada nuevo, que va, sino que le pregunten a mi madre que en esto (en poco más) estará de acuerdo conmigo.  Ya de bien pequeño me imaginaba escalando grandes montañas en cordilleras lejanas, cruzando desiertos en interminables caravanas de camellos, viviendo aventuras, en definitiva, que poco tenían que ver con las aventuras que se imaginaban los niños de mi edad que querían ser futbolistas o bomberos. Todo creo que empezó por un libro hecho polvo que cayó en mis manos y que, la verdad, no tengo ni idea de donde salió, si de mi padre de cuando iba al colegio (de eso hace muuucho tiempo) o de donde pero recuerdo que era una especie de atlas con las tapas carcomidas y con fotos a color de sitios realmente espectaculares. Creo que allí podríamos encontrar el inicio de todo lo que me sucedería a continuación y gran parte de mis obsesiones (ya es hora de empezar a llamar a las cosas por su nombre). Recuerdo un remolino inmenso a punto de engullir un barco, la cara norte del Everest, el Masai Mara, recuerdo Angkor Wat, el Partenón, también salían unos hombres con unos platos enormes en la boca (ahora sé que son los Mursi y que viven en Etiopía), la gran manzana, los polos, y en una de esas hojas que tantas y tantas veces miré, con un color oxidado consecuencia del paso del tiempo y medio rota, salía, sacado de otra época, el mismo edificio que se levantaba, imponente, en ese preciso instante ante mí. Como si el tiempo no hubiera pasado, ya no en estos 20 años que hace que vi esa foto por primera vez sino en los últimos 2.000, exactamente desde el momento en que a alguien (que tampoco estaría mucho más fino que yo que digamos) se le pasó por la cabeza construir un estadio donde el pueblo pudiera ver a sus semejantes cortando cabezas o siendo devorados por osos o leones. Esa sensación de ir levantando la cabeza poco a poco y que el azul del cielo no aparezca. Madre mía por momentos como estos es que viajo.

Visto desde el suelo uno se siente insignificante

Visto desde el suelo uno se siente insignificante

Pero vayamos por partes ya que nuestro día no empezó en el colosal Coliseo ni mucho menos. Empezó en algo mucho más pequeño que eso. Pero mucho es mucho. Tan pequeño como una cerradura y es que justo enfrente de donde tenemos nuestro apartamento se encuentra una de las imágenes más curiosas de toda la ciudad. Para poder disfrutar de ella uno se tiene que acercar a la coqueta Piazza del Cavalieri di Malta, en pleno Aventino. El sitio, no sé si por lo temprano de la hora, es de lo más tranquilo, aunque igual la plaza en si no merecería una visita (sobre todo teniendo en cuenta la majestuosidad de estas en Roma) pero se da el caso de que justo en ella se encuentra la sede romana de las caballeros de Malta, que tampoco es nada del otro mundo pero es desde su puerta de entrada, cerrada a cal y canto donde nos encontramos con la imagen de la que os hablo. Para poder disfrutar de ella tienes que acercar el ojo a su cerradura y….Tachán!! No desvelaré el secreto para que lo descubráis por vosotros mismos pero lo que sí que os diré es que al otro lado de la cerradura, alineado a la perfección, se abre una avenida de setos y árboles frutales en una imagen casi onírica y coronado con la imponente cúpula de la Basílica de San Pedro del Vaticano para cerrar la imagen….coño, si ya le he dicho!! Joder es que no se guardar un secreto. Pero bueno, en todo caso, que sepáis que las cuestas que tiene uno que subir para llegar aquí bien valen la pena, una foto así no se encuentra todos los días.

Robando imágenes a la ciudad...

Robando imágenes a la ciudad…

Premio!!

Premio!!

Y de esta manera, con una imagen furtiva robada de una cerradura empezábamos el que iba a ser nuestro último día de escapada aquí en Roma. A estas alturas ya no quedaba ni un solo musculo de nuestro cuerpo que no estuviera resentido de la de quilómetros andados en nuestros dos días anteriores (tengamos en cuenta que no hemos cogido ni un solo autobús desde nuestra llegada) pero ante lo que nos proponía el día uno bien puede hacer una excepción y coger fuerzas de donde no las hay. Ya no sé si llamarlo el plato fuerte del viaje dado lo sorprendente de los días anteriores pero visitar la Roma Imperial siempre es algo que emociona a todo viajero. A todo ser humano diría yo y hoy era nuestro turno.

A toda prisa bajamos las rampas del Aventino en dirección a lo que pensábamos que sería nuestra primera parada del día: el Circo Massimo.

Circo Massimo

Circo Massimo

Digo pensábamos porque la verdad es que prácticamente ni paramos ya que hoy en día poco queda de lo que hace 2.000 años era uno de los lugares más impresionantes jamás antes construido. Tengamos en cuenta que lo que hoy es un parque enorme cubierto de césped y ideal para venir a sacar al perro a que haga caca y pipi antes era escenario de carreras de carros y tenía una capacidad para ni más ni menos que 300.000 personas en sus gradas. De hecho, muchos de los obeliscos que hay repartidos por la ciudad estaban precisamente en el centro del Circo colocados inicialmente. Aún así, si le das un poco a la imaginación te puedes hacer una idea de lo que este lugar llegó a ser pero nosotros queríamos algo más tangible y además teníamos visita reservada así que cuatro fotos y hacía el Anfiteatro Flavio, también conocido como el Coliseo.

Vistazo y al lío!

Vistazo y al lío!

Y ahora ya volvemos al inicio de este relato. Si no me equivoco nos habíamos quedado en un tío (yo) levantando la cabeza poco a poco en busca del azul del cielo pero sin éxito aparente, verdad? Nada más dejar atrás el Circo Massimo uno ya coge la avenida que te deja a los pies de tal mítico edificio. De hecho, nada más girar la curva ya se empieza a ver a lo lejos pero yo quería mi Primera imagen. Así que como los burros, con la cabeza gacha y mirando solo mi primer metro por delante fuimos avanzando, como si estuviéramos recorriendo un pasillo interminable el día de reyes hasta chocarnos literalmente con este momento que tanto buscaba. Poco a poco, sin prisas a pesar de la emoción, vas levantando la cabeza y vas gravando en tu retina tal espectáculo. Uno se queda sin palabras, la piel se eriza y las pulsaciones se aceleran. No sabes si ir hacia la izquierda o hacia la derecha, si perder el tiempo en hacer fotos o saborear este momento solo para ti. Si acercarte y tocarlo con tus manos o si alejarte para poderlo contemplar con más perspectiva. Si pararte, si moverte. Esa es la emoción de viajar que me gusta, la emoción del descubrir.

El Coliseo

El Coliseo

Era temprano, con lo que poca gente teníamos para compartir ese momento así que lo disfrutamos sin prisa hasta que, una vez ya más tranquilos, con el envoltorio del juguete ya tirado en el suelo decidimos movernos un poco y situarnos, mirar donde estaba la entrada y donde teníamos que ir para nuestra visita guiada a los sótanos y todo eso. Y una vez más, como mola reservar Online. Los japoneses ya se amontonaban en la cola mientras que nosotros, más chulos que un ocho la saltábamos para ir directamente a la taquilla donde canjear nuestra reserva por la entrada. Aproximadamente unos 30 segundos o así tardamos. Me muero de la risa…

Y ahora ya sí, con nuestra tarjetita en una mano y nuestra audio guía (7€) en la otra teníamos como un par de horas para visitar el primer y el segundo piso de esta colosal construcción antes de que empezara nuestra visita por los subterráneos.

Subiendo al primer piso...

Subiendo al primer piso…

Aquí, la verdad, es que el audio guía, del que somos fieles defensores en la mayoría de los casos, no tiene mucho sentido si luego haces la visita guiada pero claro, entonces, nosotros (vosotros ya lo sabéis), no lo sabíamos así que cacharrito en la oreja y hacia dentro!!

Vistas desde el primer piso...

Vistas desde el primer piso…a nuestros pies, la Arena…

Tampoco tengo intención de explicaros toda la historia de este edificio ya que para eso está la wikipedia o la Lonely Planet pero sí que me gustaría explicaros un poco la función de él porque es realmente para alucinar. Y lo haré no con mis palabras sino con las del gran Javier Reverte que en su Otoño Romano creo que lo define a la perfeccíon:

Los espectáculos eran una suerte de disfrute de la muerte, de jolgorio ante la exhibición de la sangre. Hitler planeó el holocausto para el pueblo judío; Stalin, campos de exterminio para sus opositores, los turcos llevaron a cabo un verdadero genocidio en su odiada Armenia, Estados Unidos arrasó Hiroshima de un bombazo…, suma y sigue. Pero Tito y sus sucesores idearon unos “juegos” basados en la muerte y el asesinato sólo para divertirse y divertir al pueblo. Y para eliminar a los condenados.

Más Coliseo...

Más claro el agua, estábamos en frente de unos Juegos del Hambre a la antigua, una manera macabra de divertir al pueblo (al tiempo que lo deshumanizaban) y eliminar no deseados de la población. Plan perfecto vaya. Para que os hagáis una idea de lo que aquí se llevó a cabo, deciros que, con el emperador Trajano en el poder, se hicieron unos festejos que duraron ni más ni menos que 117 días!! Y dicen que aquí aprovechamos a la mínima para hacer fiesta! Si, es cierto, pero al menos nuestras fiestas no duran 117 días!! Pues veréis, durante los festejos de Trajano, más de 10.000 animales salvajes (tigres, leones y osos en su mayoría) fueron matados delante del público y más de 9.000 hombres se mataron entre ellos para disfrute de hombres, mujeres y niños. Casi nada.

Esto seria la "llotja", el palco, vamos..

Esto seria la “llotja”, el palco, vamos..

Aún así, se ha de reconocer la grandeza de tal edifico y solo es una vez entras en él y vas subiendo las escalinatas que llevan a su primer piso que te vas dando realmente cuenta de su magnitud. Tengamos en cuenta que hace ni más ni menos que 2.000 años que está en pie, que ha soportado terremotos y saqueos a montones, que gran parte de los materiales con los que estaba construido fueron robados para construir iglesias y templos en los tiempos de los Estados Pontífices (y estos duraron muchos pero muchos años) y aún así, al salir a lo que eran las gradas donde se colocaban los hombres, uno puede transportarse al momento a esa época en la que 80.000 personas explotaban de júbilo cuando un tigre arrancaba la cabeza de un mordisco a un Gladiador. 80.000 personas!!. Tengamos en cuenta que hoy en día pocos, muy pocos campos de futbol tienen esa capacidad. Y no solo eso, sino que si en la mayoría de estadios de futbol, esos que somos asiduos y no tenemos dinero para pagarnos un abono en las pocos localidades cubiertas que hay, cuando llueve te mojas y cuando da el solano te achicharras, aquí, un complejo velamen cubría las gradas a su antojo, pudiendo dejarlas tapadas por completo, despejadas o tapando solo una parte. Como quisieran. Alucinante vamos.

Más perspectiva..

Más perspectiva..

Imaginar salir por aquí y encontrarse todo lleno

Imaginar salir por aquí y encontrarse todo lleno

Y de esta guisa, con la boca abierta y el cuello sacando humo de girar de un lado a otro pasamos las dos horas que teníamos antes de que empezara nuestra visita guiada a los subterráneos del Coliseo. La verdad es que se hace corto y a pesar de que es cierto que la multitud que se acumula hace a veces un poco pesado el estar en medio de tal rebaño, puedes encontrar rincones donde disfrutar del espectáculo en tranquilidad y vivir el momento.

El punto de encuentro con nuestro guía (en castellano) era en el piso inferior, al lado de las taquillas en una suerte de postes que hay numerados para los diferente grupos. Habíamos pagado 11 euros para visitar los subterráneos y el tercer piso (con la entrado normal tienes acceso al primer y al segundo piso pero no al tercero, ni tampoco a los subterráneos ni la Arena) y estábamos ansioso por empezar. Y menos mal que los pagamos. Joder.

La guía llegó bastante puntual y después de ponernos la pegatinita de rigor nos saco del edifico por una puerta lateral hasta situarnos en frente de una gran puerta que daba a, ni más ni menos, la Arena!!

Los que van a morir te saludan!

Los que van a morir te saludan!

Tal como suena, nada más empezar y pam!, el plato fuerte. Y para nosotros solos (me refiero a nuestro grupito, que era de unas 15 personas más o menos). La arena original hacía como unos 90 metros de largo por 60 de ancho y recibía este nombre porque la madera que hacía de suelo estaba cubierta con una gruesa capa de arena con la finalidad, entre otras, de absorber la sangre después de cada espectáculo. Hoy no está toda reconstruida sino que solo un extremo pero es más que suficiente para hacerse una idea de lo que podía sentir un gladiador allí en medio, espada en mano, delante de casi 100.000 personas y sin saber con qué le tocará enfrentarse ahora, si con un león que lleva 3 días sin comer o con un grupo de legionarios entrenados para matar. Fuera lo que fuera lo tenía jodido la verdad.

El Coliseo desde la Arena...

El Coliseo desde la Arena…

Nosotros estuvimos en ella como una media hora durante la cual la guía va alternando sus explicaciones con turnos de preguntas para curiosos. La verdad es que sales de allí con un master en todo lo que se refiere al Coliseo por este motivo si vas a hacer la visita guiada (que recomiendo 100%) es una tontería pillar el audio guía para el resto.

Después del tiempo de rigor para las fotos en medio de la Arena bajamos por una escaleras situadas de nuevo en el exterior hacia las entrañas del edificio, los subterráneos, segunda parada de nuestra visita e igual o más espectacular que la primera si cabe. La conservación de los sótanos es realmente buena con lo que es muy fácil poner color a las explicaciones de la guía que por si tu imaginación no está muy desarrollada también se ayuda de unos dibujitos de lo que era el Coliseo en sus días. Genial, la verdad.

Sótanos

Sótanos

Esto estaba totalmente cubierto...

Esto estaba totalmente cubierto…

Y para terminar, el Tercer piso. Aquí sobre todo lo que tiene son las vistas y que, al ser exclusivo para las visitas no tienes que ir poniendo codos para sacar una buena foto. Una vez terminada la explicación, tormenta de preguntas sobre la pobre muchacha que resuelve con gran maestría y de nuevo libres como el viento.

Vistas desde el tercer piso...

Vistas desde el tercer piso…

La mayoría de gente lo que hace es primero la visita guiada y luego se lía a visitar el primer y el segundo piso. Igual es lo suyo, la verdad, aunque en este caso creo que el orden de los factores no altera para nada el producto. Nosotros, una vez finalizada la visita ya no teníamos nada que ver ahí dentro y aún teníamos todo el Foro Romano por delante con lo que, últimas fotos y a coger fuerzas que falta que hace.

El Arco de Constantino y el Foro Romano desde el tercer piso...es decir, nuestra siguiente parada...

El Arco de Constantino y el Foro Romano desde el tercer piso…es decir, nuestra siguiente parada…

Tener en cuenta que en los alrededores del Foro Romano y del Coliseo para comer hay dos opciones: comer mal o comer caro. También está la opción de comer mal y caro pero entonces ya vete para el hotel porque hoy no es tu día. Aquí la verdad es que íbamos un poco a ciegas pero la verdad es que hasta en esto tuvimos suerte y menos mal porque si algo odio es comer mal, ya lo sabéis. Olvidaros de los alrededores más inmediatos del Coliseo y, por supuesto de los chiringuitos donde te sangran por pizzas congeladas y dirigiros hacia el lado opuesto del anfiteatro, como si fuerais dirección San Giovani in Laterano, por la calle del mismo nombre. A mano izquierda os quedarán los Ludus Magnus (las antiguas escuelas de Gladiadores) y una vez los pasados estos, en la esquina con la Via Celimontana, encontrareis una pequeña pizzería Napolitana y lo mejor de todo, con las tres B’s: Bueno, Bonito y Barato.

Bueno, Bonito y Barato

Bueno, Bonito y Barato

Yo no sé lo que llegamos a comer. A devorar mejor dicho, pero sí que se que estaba todo delicioso, la cerveza fresquísima y que en menos de una hora salimos de allí con las pilas cargadas y preparados para lo que se nos pusiera por delante…..pero eso ya será otra historia, ok??

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