Alcoutim y Mértola, las joyas ocultas del Guadiana

20/8/2014

Olhao-Sao Domingos (146km)

De acuerdo si, estábamos huyendo como ratas. Apenas habíamos estado 48 horas recorriendo el Algarve que ya nos estábamos dando por vencidos y el morro de la furgoneta ya apuntaba hacia el norte en busca de un último reducto de tranquilidad que nos dejara un buen sabor de boca antes de empezar el camino de vuelta a casa pero es que qué quieres que te diga, si no nos apetece no nos apetece y lo bueno de viajar sin rumbo fijo precisamente es esto, que puedes hacer lo que te de la real gana y no pasa absolutamente nada así que ahí estábamos, dejando la costa del Algarve ya casi en la frontera con España al mismo tiempo que dábamos por concluido nuestros días de playeo de este viaje y cogíamos la N122 para dirigirnos de nuevo hacia el Alentejo.

En plena huida

A medida que se sucedían los quilómetros el aire se iba espesando más y más y los movimientos se volvían más lentos, como más pesados y es que no hemos de olvidar que es en esta zona donde se dan las temperaturas más altas de todo Portugal llegando a rozar los 50 grados en algunas ocasiones y vaya si se notaba y no solo en el clima sino también en el paisaje, cada vez más seco y árido, convertido en una sucesión casi infinita de colinas por entre las cuales se entremezclaba la enorme y vacía carretera por la que circulábamos en un continuo sube y baja que hacía que no sacara el ojo del termómetro de la furgoneta para ver si se calentaba más de la cuenta pero que va, si cuando yo digo que se trata de un Hammer disfrazado no lo digo por decir y después de medio centenar de quilómetros de continuas cuestas donde no pasábamos de los 50km/h llegábamos por fin a nuestra primera parada del día que no era otra que el pequeño pueblecito de Alcoutim.

Sanlucar de Guadiana desde Alcoutim

Y si una de las cosas que nos estresaba de la costa del Algarve era el ritmo frenético que se vivía en ella, aquí, en Alcoutim, a pesar de también formar parte del mismo Algarve, era todo la contrario. Esto es lo que queríamos joder. A costado pero ya lo teníamos.

Rio Guadiana

Y rápidamente nos dimos cuenta, eh. Fue justo en el momento en que se nos apareció delante nuestro el río Guadiana y vimos que todo iba al ritmo de sus tranquilas aguas, sin prisas ni nada, y mucho menos a esa hora claro ya que prácticamente no se podía ni respirar del calor que pegaba así que lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia la primera playa fluvial que encontramos y los tres, Víctor, Fona y yo, de cabeza que nos metimos. Hasta las aguas del río estaban calientes pero ya sirvió para refrescarnos un poco antes de echar un vistazo a su Castillo, curioso, eso sí, pero donde el gran aliciente está en contemplar des de lo alto de la colina en donde está construido el cuadro que forman el Guadina y Sanlúcar, en la otra orilla, ya en suelo español, con su fortaleza y sus blancas casas dominando el paisaje. No sé, supongo que des de la otra orilla sería lo mismo pero observando a Alcoutim pero no lo comprobamos a pesar de que eran varios los ferrys que comunicaban una orilla con otra y hacia eso de las 17:00 de la tarde, aún bajo un sol de justicia volvíamos a subir a La Fiera para dirigirnos hacía otra joya del Guadiana, Mértola, ya en el Alentejo.

Chapuzon en el rio Guadiana

Callejuelas de Alcoutim

40 quilómetros separan Alcoutim de Mértola y la tónica es la misma, colinas y más colinas y curvas y más curvas pero en poco más de una hora nos presentábamos a las puertas de Mértola pero no para quedarnos ya que dejaríamos la visita a su casco antiguo para mañana y hoy solo aprovecharíamos para llenar la furgo de gasolina (casi no llegamos ya que en la carretera que une Alcoutim de Mértola no hay ninguna gasolinera) y comprar comida para la cena y seguiríamos unos 15 quilómetros más hasta la ciudad fantasma de Sao Domingos, un antiguo asentamiento minero que fue abandonado en la década de los 60 cuando se cerraron las minas de cobre que hay en sus afueras. Actualmente de esa época dorada solo quedan las hileras desangeladas de casas que ocupaban los mineros y los esqueletos de lo que en su día fue un gran centro minero, con su estación de tren semiderruida, sus edificios de oficinas totalmente abandonados y un espectacular lago artificial de un color que va del granate al azul oscuro donde, debido a la gran cantidad de metal que lleva el agua, está totalmente prohibido bañarse. La verdad es que el conjunto, sin ser muy espectacular, bien vale la pena una visita aunque solo sea por el aura de misterio que de él se desprende.

Minas de Sao Domingos

Antiguas oficinas en Sao Domingos

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Lago oxidado en las minas de Sao Domingos

Pero, la verdad sea dicha, la gran mayoría de gente que viene hasta este punto perdido de la geografía portuguesa no es por las antiguas minas sino por el pantano que hay a las afueras del pueblo y que han convertido, a mi criterio, en una de las mejores playas fluviales de Portugal, y mucho más aún si se va en furgoneta ya que, siguiendo lo tónica general de todo Portugal, puedes aparcar la furgoneta a escasos metros del agua y dormir allí sin absolutamente ningún problema. Genial, vamos.

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Furgoperfecto a orillas del Pantano

Nosotros, una vez ya instalados, aprovechamos lo que quedaba de tarde para intentar pescar, sin duda llevados por la euforia de nuestra exitosa tarde de pesca en Sagres, y para eso cogimos los trastos y bordeamos el pantano hasta situarnos en un sitio lo suficientemente tranquilo como para encontrar nuestra cena pero ni de coña, allí no picaba absolutamente nada. El consuelo fue que a un par más que estaban por allí intentando pescar también se fueron de vacío así que no fuimos los únicos primos de la tarde. Aunque la verdad es que ni mucho menos se puede decir que perdimos el tiempo ya que nuestras buenas risas nos pegamos entre cerveza y cerveza y solo por eso ya valió la pena.

Buscando la zona perfecta

haciendo ver que pescamos

Con esta todo el día en el agua obviamente no se acercaba ningún pez

Otra intentona...

Y la tarde se fue acabando...

Ya de regreso, y antes de liarnos con la cena continuamos con las cervecitas en el bar de la playa, donde acompañamos a unas imperiales con un platazo de caracois, caracoles vamos, mucho más pequeñitos de los que estamos acostumbrados a comer allí en Catalunya pero buenísimos de todas todas y que pusieron el broche de oro a un día de reencuentro con el placer de viajar después de un par de días vamos a llamarlos incómodos va.

Atardecer en Sao Domingos

Victor sobadisimo

21/8/2014

Mértola

VIstas desde mi cama...

Nuestra piscinita en Sao Domingos

Abrir la puerta de la furgoneta con las primeras luces del día y encontrarte con un espectáculo semejante no tiene precio. Con todo en calma aún, lo único que se oye son los pájaros liándola como si se acabara el mundo y las aguas del pantano, a escasos metros de nosotros, solo movidas por los peces que salen a vacilarnos y recordarnos que si ayer no picaron fue únicamente porque ellos no quisieron. Con todo esto, nos podríamos quedar aquí tranquilamente unos cuantos días pero hoy ya teníamos que llegar a Lisboa y aún teníamos algunas cosas que hacer que no queríamos perdernos bajo ningún concepto con lo que, muy a nuestro pesar, recogimos los bártulos, y las ruedas de La Fiera empezaron a girar para aprovechar al máximo este nuestro último día de ruta por el sur.

Lo primero que hicimos fue acabar de visitar las antiguas minas, no sin antes probar suerte por última vez en esto de la pesca, esta vez en un sitio que nos dijeron unos lugareños pero que va, ni de coña, ni un amago de picar así que andando que no hay tiempo que perder y antes de las 10 de la mañana ya entrabamos esta vez sí para quedarnos, en la ciudad-museo de Mértola.

Será aquí donde estén los peces??

Fenicios, Cartagineses y luego los romanos ya se instalaron en Mértola que poco a poco fue cogiendo importancia, entre otros motivos, porque era el último puerto navegable del rió Guadiana y se convirtió en un importante centro de exportación agrícola y minera. Despúes llegaron los árabes que hicieron de ello la capital de la región y reforzaron sus defensas construyendo parte de la fortaleza que vemos hoy en día.

Llegando a Mértola

Mértola

Como en gran parte de Portugal, la profunda crisis económica ha tenido su lado positivo en la preservación de las edificaciones antiguas y por este motivo hoy en día se puede ver en Mértola en perfecto estado de conservación gran parte de las estructuras árabes de la época.

Casco antiguo de Mértola

Castillo

Desde lo alto del castillo

El Guadiana a su paso por Mértola

Los tres maginificos

Aquí los mapas sirven de bien poco ya que es algo así como un laberinto de calles adoquinadas sin ningún tipo de orden y lo mejor que puedes hacer es empezar a callejear ya que tienes la absoluta seguridad de que en cada esquina encuentras algo digno de descubrir. Su antiguo Castillo, la torre del reloj, la antigua mezquita reconvertida ahora en iglesia cristiana o simplemente el magnífico Guadiana, donde aprovechamos también para pegarnos un chapuzón rápido para refrescarnos,  hacen que la visita de Mértola sea una sucesión de sorpresas a cada cual más gratificante y que hacen que pasen las horas volando y sobretodo que te entre hambre, mucha hambre, y como ya nos íbamos y aún no nos habíamos marcado un homenaje digno de recordar decidimos echar toda la carne sobre el asador y dirigirnos hacia el restaurante O Brasilerio, en las afueras de Mértola, y probar el plato estrella de la región: el Jabalí.

Chapuzón en el Guadiana

A orillas del Guadiana a su paso por Mértola

Y madre mía que exageración. Pedimos dos platos, por llamarlo de alguna manera porque más bien eran dos cazuelas llenas. El primero de Ensopado de Borrego, simplemente espectacular, con una carne que parecía mantequilla y con un toque de menta que le daba un registro diferente y después el plato estrella, el Jabalí, otra cazuela descomunal y de la que apenas pudimos probar antes de pedir que nos la pusieran para llevar (muy común aquí en Portugal en todos los restaurantes para cuando no te acabas la comida que has pedido). La espera valió la pena y por poco más de 30 euros entre los dos salíamos ya de Mértola comidos y con una digestión de elefante, ideal, claro está, para zamparnos los 400 quilómetros que nos separaban de Lisboa bajo un sol de justicia. Sueño no, lo siguiente, pero era lo que tocaba así que un chupito de Medronho para ver si los 52 grados de alcohol aceleraban un poco la digestión y a rugir Fiera que esto no ha sido nada!!

Borrego

Jabalí

Aunque, como podéis ver, para algunos eso de la solidaridad con el conductor es algo que no conocen en absoluto sino que es más bien un: cuando lleguemos me avisas…

Cuando lleguemos me avisas

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