Algarve (1ª Parte): Sagres y su Fin del Mundo particular

17/8/2014

Zambujeira do Mar-Sagres (104km)

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El rio Seixe sirve de frontera natural entre el Alentejo y el Algarve y es precisamente en este punto, cruzando el puente que une las dos riberas donde nos encontramos dejando atrás, muy a nuestro pesar esta tierra que tan buen sabor de boca nos ha dejado y de la cual tenemos la certeza que nos queda mucho por recorrer pero eso será en otra ocasión ya que ahora tenemos por delante nuestro la archiconocida Algarve, de la cual dicen por ahí que vendió su alma al diablo hace ya unas cuantas décadas y cual Sherlock Holmes aquí estamos para corrobóralo, y en este caso, huir corriendo o, lo que en el fondo nos extraña pero realmente deseamos, para poder justificar dejar el Alentejo tan pronto, encontrarnos con una grata sorpresa y descubrir que siempre es mejor lo que queda por delante.
Así que sin tiempo que perder la idea era empezar con el trabajo de campo lo antes posible y eso era nada más y nada menos que en su primer pueblo, Odeceixe, situado en la orilla Algaraveña del rio. La verdad es que aquí se nota que las fronteras son cosas de humanos y inventadas hace relativamente poco tiempo ya que no hay ningún tipo de diferencia entre este pueblo y alguno de los tantos que nos hemos cruzado viniendo hacia aquí por la costa alentejana. Casas blancas, calles adoquinadas y gente, mucha gente caminando por sus calles a primera hora de la mañana así que decidimos, después de dar un pequeño paseo y tomar un café pingado para despertarnos dar el salto y llegarnos ya del tirón hasta la punta más sudoccidental de Portugal y a la postre, de Europa, es decir, Sagres y su Cabo de Sao Vicente.

La Fona esperando nuestra siguiente parada
Lo que sí que es cierto es que a los pocos quilómetros de cruzar la frontera administrativa del Algarve el paisaje cambia sustancialmente y pasa del altiplano eterno del Alentejo a las sierras costeras del Algarve y las carreteras dejan las líneas rectas infinitas para convertirse en divertidas eses y costosos subes y bajas que se agradecen de conducir pero en cambio, no de acarrear como diría mi pobre T3 si pudiera hablar.
Y en poco menos de dos horas allí que nos plantábamos. Si tuviera que catalogar las cosas por mi primera impresión diría que Sagres es una ciudad de frontera, una de esas ciudades sin ley, en medio de ninguna parte, que luchan por ser un poco de todos y al final no son nada de nadie. Y esa idea no haría más que reafirmarse en mí a medida que recorríamos los quilómetros por el Algarve pero eso ya lo iremos viendo.

Rosa de los vientos en el fuerte de Sagre

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Capilla en el Fuerte de Sagres

Lo primero que hicimos nada más llegar a Sagres fue buscar sitio para dormir. Tocaba ya Camping si o si ya que teníamos tanto los móviles como la cámara de fotos y el ordenador sin nada de batería y después de la odisea de desenterrar la furgoneta de la arena del día anterior nuestra higiene empezaba a dejar mucho que desear así que directamente al camping de Sagres que nos fuimos y la verdad es que, a pesar de ser un poco caro, 25€, nos pareció una buena idea y como tampoco somos mucho de buscar y buscar pues que si que va, que nos quedamos aquí y listos. Esta vez al menos sí que primero le pegamos un vistazo para luego no arrepentirnos.
Y luego vino la ducha. Joder la de mierda que llego a salir. Deje media playa alentejana en el baño y es que, si bien es cierto que si que nos notábamos sucios, yo como mínimo no me esperaba tener tanta y tanta arena en el cuerpo. Y no voy a hablar de las cervezas fría de cojones en las neveras porque eso ya, después de dos días tomándonos las cerveza como quien dice del tiempo era poco menos que la gloria eterna poder abrir la nevera y sacar el botellín frio frio sudando como a mí me gustan. Vamos, que mal no estaban invertidos los 25€ ya veis.
Y ahora sí, ahora tocaba lo más importante y era decidir qué carajo hacíamos allí. Si que nos va el tema playitas y eso pero no para estar todo el día liado en ellas y la verdad es que allí o te ibas a la playa o tenías tres opciones más para hacer y se acabo: surf, submarinismo o pesca.
Y la verdad es que las tres nos hacían no nos vamos a engañar así que lo que decidiría seria el presupuesto y a dar vueltas por el pueblo para preguntar en todas, absolutamente en todas las tiendas que nos pasamos esa nuestra primera tarde en el Algarve.
Resultado final: Surf 55€ todo el santo día bajo el sol. Uff, quizás muchas horas. Submarinismo 80€ para hacer cuatro tonterías debajo del agua y ver, como nos dijo la chica de la tienda, 4 pececitos y poca cosa más. Como que se me ocurren bastantes mejores cosas a las que destinar 80 € y por ultima quedaba la opción de pescar. 4 horas en barco, de 17:30 a 21:30 entre cervecitas y cañas de pescar, y solo por 45 euros! Así sí. Decidido, por primera vez des de que salí de Barcelona nos quedaríamos dos días en el mismo sitio y dedicaríamos la tarde de mañana en pescar y así cambiábamos el asfalto por el mar por unas horas que después de más de 2.500 quilómetros recorridos en furgoneta bajo el sol tampoco estaría de más.

Decidido, a pescar!

Uno de los atractivos principales de Sagres es el cercano Cabo de Sao Vicente, el punto más sudoccidental de todo el continente europeo. Y eso significa también el punto más alejado en quilómetros lineales de mi casa de todo el viaje, y claro, eso requiere un atardecer si o si. Pero eso pensamos nosotros y otros cuantos centenares de personas con las que nos encontraos en el fin del mundo europeo a la hora del crepúsculo. La verdad es que nos quedamos impresionados, no ya con el atardecer, que no deja de ser bonito, sino con el espectáculo de tanta y tanta gente en lo alto de los acantilados, aparcando en las cunetas o donde fuera posible y los chiringuitos de perritos calientes y bebidas apostados en los márgenes para que no te faltara de nada en este momento tan especial. Y especial si que era sí, pero para mal y no quiero que parezca que yo tengo más derecho a los demás a ver estas cosas, ni mucho menos, pero esto no hace más que reafirmarme en mi convicción de que cada vez ser viajero cuesta más y lo más normal es caer en el turisteo fácil y poco emocionante la verdad. Parecerá cutre pero una de mis motivaciones principales al hacer este viaje era este momento, este fin del mundo y, como tantas otras cosas, ya se me han ido a tomar por culo.

Faro del Cabo San Vicente

Atardecer desde el Cabo San Vicente

Así que en medio de la decepción la mejor que podíamos hacer era ir a rentabilizar los 25€ que habíamos pagado del camping i ir en busca de esa cerveza fría que teníamos esperando en la nevera. Y es que las penas, con cerveza estúpidamente helada, como dicen en Brasil, son menos tristes verdad??

18/8/2014

Sagres

Hoy era un día en el que podíamos perrear sin ningún tipo de prisa en la furgoneta, dormir hasta que duela la espalda y eso después de más de 2 semanas levantándome casi con el sol pues para que os voy a engañar, me apetecía mucho la verdad. Abrir los ojos, ver que todo el camping está ya en movimiento a tu alrededor y que te sude el pie es una experiencia que se agradece de vez en cuando y fue de esta manera, sin ningún tipo de prisa, que empezamos nuestro primer día sedentario de todo el viaje.
Cafelito, duchita, un poco de colada, otro café y entre esto y lo otro, con mucha calma, pasamos nuestras primeras horas del día aunque no todo iba a ser tan relajado ya que a las 17:30 teníamos que coger el barco para ir a pescar y antes queríamos hacer dos cosas: un era darle otra oportunidad al cabo Sao Vicente sin atardecer por medio y la otra pasar un dia relajado en la playa con la posibilidad de luego pegarnos una ducha!! Y es que si en España lo más normal que en todas las playas tengas una ducha de agua dulce esperándote al salir aquí, en Portugal aún no hemos encontrado ninguna e ir acarreando la sal encima sin tener luego ninguna casa donde ducharte pues es un poco coñazo y hoy teníamos la oportunidad de hacerlo, playa y ducha, un lujazo vamos.

Cañon en el Cabo San Vicente
Así que a antes de mediodía ya estábamos de nuevo enfilando la carretera hasta el último punto de patria que veían los exploradores Portugueses en su dorada época de los descubrimientos y entrabamos en el fuerte que preside su parte más occidental, fuerte arrasado por Sir Francis Drake en 1587 y totalmente reconstruido después del terremoto de 1755 así que poco quedaba ya de aquel fuerte donde vivía Enrique el Navegante y del que tantas leyendas se forjaron. Algo menos de gente que el día anterior sí que había pero los chiringuitos de perritos calientes y las paraditas de souvenirs seguían repletas de gente y en las cunetas se acumulaban los coches aparcados así que después de las fotos de rigor y de una vuelta por las inmediaciones dejamos ya definitivamente el Finisterre portugués y nos dirigíamos hacía la cercana Praia de Beliche.
Y que Playa por dios. Dejamos aparcada a La Fiera con la Fona vigilando el castillo en un descampado que hay encima del acantilado que protege la playa y después de bajar la escalinata que te lleva hasta la arena disfrutamos, al fin, de un día de playa completo, sin prisa, en medio de un paisaje espectacular cerrado a nuestras espaldas por enormes acantilados de piedra anaranjada y de caprichosas formas que formaba recovecos y cuevas en cada esquina y por delante, mar tranquilo (¡!) y transparente aunque frío, eso sí, aunque eso no significaba ningún problema ya que con el calor que pegaba, aumentado aún más por los acantilados que hacían de horno y aumentaban en varios grados la temperatura ahí dentro, hacía que, al meterte en el agua, ese contraste entre el frío y el calor te dejara como nuevo vamos.

Playa de Beliche

Playa de Beliche
Un día completo de playa, para nosotros, es como mucho dos horas eh, no más, así que a la hora de comer ya estábamos de nuevo en el camping para pegarnos una lujoso ducha, comer y dejar ya nuestra parcela para irnos hacia el puerto para disfrutar de nuestra tarde de pesca.
La idea era hoy ya no dormir en el camping sino hacerlo en el mismo puerto de donde sale el barco y en donde había varias auto caravanas aparcadas y de esta manera partir mañana temprano hacía el corazón del Algarve así que dejamos la furgoneta bien colocada con la idea de ya no moverla de allí y puntuales a las 17:30 dejábamos el abrigo del puerto de Sagres y recorríamos los acantilados de la Punta del mismo nombre en busco de nuestra zona de pesca.

De pesca!!
Después de algunos intentos fallidos al fin parece que encontramos el lugar y, utilizando sardina fresca como cebo, los peces empezaron a picar uno detrás de otro, sobretodo besugos de unos dos quilitos la pieza, pero también jureles, peces araña e incluso un pez aguja de un metro de largo. La verdad es que nos lo pasamos en grande y si al principio pensábamos que las 4 horas serían muchas al final nada más lejos de la realidad y con el ajetreo de la pesca el tiempo paso volando aunque ya hacía las 21 de la noche, cuando el sol ya había caído, lo que si hizo acto de presencia fue el frío que nos acompaño un buen rato.

El capitán haciendo los honores

Ese besugo bueno!

Y más besugos!

Con todo, ya de noche cerrada, al entrar al puerto una caja con unas 50 piezas más o menos nos acompañaba y algo así como la mitad pescada por nosotros dos. Una gran tarde de pesca. Nosotros nos quedamos con un par de besugos de buen tamaño y un pez araña para probarlo y lo demás se lo repartieron entre una familia italiana que había venido con nosotros y los dos hombres del barco que repartieron el botín con la gente que esperaba en el puerto pero ahora se nos presentaba un problema y es que no había un centímetro de nuestro cuerpo que no apestara a pescado.

Buenas tarde de pesca
Mochilas, toallas, ropa, hasta la funda de la cámara de fotos apestaba a pez y aún no habíamos destripado las piezas que habíamos cogido para cocinarlas así que sin pensarlo mucho tomamos la decisión de volver al camping y poder así, ducharnos y lavar la ropa para no pasar los días que nos quedan oliendo a pescado y así también poder limpiar los peces con luz y algo más de calma en los fregaderos del camping.
Y precisamente eso estaba haciendo Victor cuando el traicionero pez araña, hasta muerto, le enseño lo que duele clavándose en su mano y haciéndole ver las estrellas durante un buen rato, pero nada que no pueda superar una buena meada para que el acido úrico contrarreste el veneno del pez gato. Yo me ofrecí voluntario para mearle en la mano pero el muy desagradecido lo rechazo y prefirió hacerlo él.
La verdad que, aunque tarde, la cena supo a gloria. Obviamente el pez más fresco imposible y acompañado con un arroz a lo pobre que hicimos en un momento con todas las sobras que encontramos por la furgo tuvimos, a eso de las 1 de la madrugada la mejor cena que hemos tenido hasta el momento.

La cena de los campeones
Obviamente, con el día que habíamos tenido, después de devorar hasta la última porción de comida que había en el plato, nuestras fuerzas no daban para mucho más y en poco rato la luz de la furgoneta se apago dando por finalizado nuestro primer día sin movernos en todo el viaje. Mañana, otra vez, el motor de la Fiera volverá a rugir.

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