Parque Natural da Serra da Estrela

11/8/2014

Almeida-Manteigas (116 km)

Eran poco más de las 9 de la mañana cuando la vida empezaba dentro de la furgoneta. La noche en el foso de la fortaleza había sido de lo más tranquila, quizás lo único a resaltar para nuevos navegante era el frío que pelaba aún estando en pleno agosto, aunque aquí el único culpable soy yo y mi viva la vida al irme sin nada más que una triste sabana para arroparme por la noches pero bueno, aún así nada podía enturbiar el estado en el que me encontraba, con todo un país nuevo por delante y centenares y centenares de quilómetros por recorrer. Era una sensación que recordaba a los niños cuando se despiertan el día de reyes o de navidad, estaba deseando que la Fiera volviera a rugir cuanto antes y empezar de nuevo.

Ante mi tenía dos posibilidades: Victor i Bera, mis anfitriones en Lisboa, llegaban ya esa misma tarde con lo que tenía todo el día para recorrer los casi 400 km que me separaban de Lisboa con la más absoluta calma haciendo todos los altos en el camino que me apetecieran para empezar ya ese mismo día mi periplo lisboeta, periplo que, todo se ha de decir, me apetecía en cantidad, o si no, la otra opción era desviarme ligeramente hacia el oeste a la altura de Guarda y visitar el Parque Natural da Serra da Estrela y hacer que Lisboa aún esperara como mínimo un día más.

Obviamente, al no tener una fecha fija de vuelta, y tras unos 3 segundos de deliberación me decanté por la opción más larga ya que Lisboa seguirá allí mañana y en cambio quien sabe cuando volveré a pasar por los pies de la Serra da Estrela, así que:- Fona sube pa’arriba, cierren puertas, y después de un quilómetro para coger impulso, dejamos la velocidad de crucero fijada en los 80 km/h q tan buen rendimiento nos están dando para dirigirse hacia el suroeste en busca de nuestra siguiente parada.

El trayecto des de Almeida hasta la Serra da Estrela es de apenas 116 quilómetros pero ya me sirvió para darme cuenta de dos cosas importantes: El gasoil es caro (1,39€ el litro) y la autopistas no hay quien las entienda!! Me explico: nada más coger la autopista en dirección a Guarda empecé a ver letreritos cada poco tiempo en donde te indicaban el coste de ese tramo en concreto. 1,05€, 0,95€, 1,30€. Así cada pocos quilómetros pero sin embargo, no había absolutamente ni una garita de peaje para pagar. Lo que sí que había eran tres hileras de cámaras cada vez que me cruzaba con un cartel de esos. Después de indagar un poco se ve que aquí en Portugal, en algunas autopistas, se utiliza una especia de telepago, comprando una especie de Via T a la portuguesa o con un sistema Prepago. Obviamente yo no tengo ni una ni otra, y tampoco la más mínima intención de sacármelos así que si quieren que me busquen. Que se pongan a la cola.

Con todo esto hacia eso de las 12 del mediodía abandonava la autopista a la altura de Belmonte (si, después de pasarme unos 40 quilómetros la salida que tocaba) y encaraba las primeras estribaciones de este gran Parque Natural.

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La Serra da Estrella seria todo lo que uno no se pensaría encontrar en Portugal, al menos eso fue lo primero que me paso por la cabeza mientras remontaba las primeras rampas de ese gran valle alpino hasta la localidad de Mateigas, donde tenía previsto instalarme. De hecho es la zona protegida más grande de todo Portugal abarcando más de 1.000 km2 y en él se encuentra la mayor altura de todo el país, el Pico Torre, con 1.997 metros de altura.

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Aquí todo parece ir a otro ritmo, más pausado, como si el calor sofocante que empezaba a hacer bajara el ralentí del tiempo y inevitablemente la mente evocaba épocas anteriores donde las cosas no se medían por su valor de mercado sino con varas más vitales.

Uno a uno iban sucediéndose los pueblecitos de blancas casas y construcciones sencillas, todos a la orilla del rio Zezere que les ofrecía su amparo y la fuente de vida del valle: el agua.

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Yo decidí quedarme en la última localidad del valle: Manteigas. El motivo era que des de allí salían infinidad de senderos para recorrer esos agrestes paisajes y empaparse de su naturaleza salvaje y de las formas de vida de sus gentes, así que lo primero que hice al llegar a Manteigas fue dirigirme a la oficina de Turismo para coger información de las diversas rutas que tiene el parque ya señalizadas. Y con mis planes para las siguientes 24 horas ya listos lo que tocaba ahora era encontrar mi jardín. Subiendo hacia aquí había visto infinidad de sitios a la orilla del rio Zezere donde poder dormir pero la verdad es que con la idea en mente de recorrer el Valle andando con las consiguientes sudadas que eso supone no estaría nada mal algún sitio donde poder ducharme y esas cosas que se acostumbran a hacer así que me dirigí a un camping que me había cruzado a unos 5 quilómetros de Manteigas para ver lo que costaba instalarme allí y cuál fue mi sorpresa al ver que por solo ¡7€! Podía dormir allí, enchufarme a la corriente, ducharme, usar un baño como dios manda e incluso conectarme al wifi!! Obviamente no había mucho más que pensar pero por si esto no fuera poco a no más de 50 metros del camping teníamos una Praia fluvial que entraba al rio zezere con su césped recién cortado y su chiringuito lleno de cervezas frías así que dni, registro y para adentro que no hay tiempo que perder.

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Después del tiempo de rigor para organizar un poco nuestros aposentos y con un sol que deshacía todo lo que tocaba lo mejor que podíamos hacer era ir a refrescarnos a las heladas aguas del rio zezere pero como en todo lo que toca la civilización, ya la teníamos liada y es que en la Praia del lado del camping no se podía ir con perros y claro, no sin mi Fona, así que cogimos la toalla y nos liamos a andar por el río hasta encontrar un sitio si cabe mejor del oficial donde absolutamente nadie nos molestaría. Unos chapuzones que supieron a gloria y hacia eso de las 16 de nuevo hacía la furgoneta a descansar un rato hasta que bajara el sol y pudiéramos tener nuestra primera toma de contacto con la Serra da Estrela más rural.

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Eso no fue hasta eso de las 18:00 de la tarde cuando salimos del camping con la intención de hacer la Rota do Poço do inferno una excursión corta y sencilla que en poco menos de una hora y media te dejaba ver de primera mano los destinos ocultos que tiene en sus valles esta sierra, así que nos fuimos Fona y yo a visitar esta cascada de algo más de 10 metros que, muy a nuestro pesar, a estas alturas del verano era poco más que un chorrito de agua y eso si te fijabas bien, si no, ni eso, pero dicen que la intención es lo que cuenta y para nada fue una mala idea empezar por este recorrido ya que nos dejo señales de lo agreste que puede ser la Serra de Estrela para mañana cuando hagamos la excursión “larga” para llamarlo de alguna manera.

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Así que después de una fugaz visita al mercado de Mantegais para comprar la cena otra vez de nuevo en el camping, algo de lectura, cena de rigor, y esta vez, aún de día a cerrar las cortinas de la furgoneta para, amenizado con una película en el portátil, despedir este segundo día en Portugal.

12/8/2014

A pesar de lo temprano que nos acostamos, ni a Fona ni a mí se nos dan bien los madrugones, y menos después de otra noche marcada por el frío pasado dentro de la furgoneta. Otra cosa no sé, pero para el próximo viaje, aunque sea al mismo corazón de Niger una manta me llevo si o si. Aún así fuimos disciplinados y poco después de las 8:00 de la mañana ya estábamos en marcha.

Hoy seguíamos la llamada Rota da Reboleira, una excursión de algo menos de 20 quilómetros de largo que recorría el flanco norte del Zezere hasta llegar a los bosques de Reboleiro, una especie de castaña salvaje, un poco más pequeña de la que estamos acostumbrados, pero muy sabrosa y que formaban una gran fuente de alimento en los inviernos más rigurosos.

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Si bien es cierto que la ruta de ayer estaba perfectamente señalizada y no había lugar a perdidas, en la segunda mitad de la de hoy la cosa ya estaba más difícil y debes utilizar un poco tu intuición y, claro está, también la suerte para no irte a parar al valle de al lado y tener que remontar otros tantos quilómetros de carretera para llegar a buen puerto. Aún así creo que la iniciativa de explotar el aspecto rural de este valle es un gran acierto y invito a todo el mundo a perderse en alguna de sus muchísimas rutas, al gusto del consumidor, y conocer de primera mano la vida rural de la Serra da Estrela así como de los valles de alrededor.

Lo que si también invito es a levantarse aun más temprano porque aquí, la jefa y yo, aún empezando a las 8:00 de la mañana nos sobró una hora de calor extremo que hizo que llegáramos al camping totalmente deshidratados y con la lengua de la fona llegando al suelo.

Además llegamos a eso de las 12:30, cuando teníamos que haber dejado el camping a las 12:00 en punto así que ni ducha ni ostias. Todo metido dentro de la furgoneta de cualquier manera y a salir del camping no sea que nos claven otra noche.

No fue así sino todo lo contrario pero ya más tranquilos con la furgoneta aparcada fuera del camping nos pegamos el baño de rigor en el rio para recuperar fuerzas y ahora ya si, sin más demora, a por Lisboa y la civilización.

Estábamos seguros de que después de estos días de tranquilidad absoluta el cambio sería radical pero de eso se trata viajar. Del día nuevo a empezar. De lo desconocido. De lo diferente.

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