Bem-vindo a Portugal

10/8/2014

Eran poco más de las 17:30 de la tarde cuando ponía pie por primera vez en mi vida en Portugal. Lo hacía por el Paso de Vilar Formoso, en la Beira Alta, y detrás de mí quedaban ni más ni menos que 1.552 quilometros recorridos a no más de 80 km/h en mi queridísima Volskwagen Transporter del 1982 a través de Catalunya, Aragón, Navarra, Euskadi y Castilla y León. Lo que en un vuelo normal me hubiera costado poco más de una hora y, cogiéndolo con tiempo, alrededor de 50€, ya iva por las 139 horas y media y, solo en gasolina, unos 150€ gastados y subiendo. ¿¿Y entonces?? ¿¿Error de cálculo?? ¿¿Poca planificación?? Nada de eso sino todo lo contrario: Intencionalidad 100%. Y es que de eso se trata, del viaje, no del destino, del saborear cada metro recorrido, cada lugar nuevo robado a los mapas, arrancado de las guías de viaje, ésta es la esencia en si del viajar, el trayecto SI importa, el trayecto es el viaje ya que en el fondo el destino siempre es el mismo. ¿Mi destino? Barcelona, pero cuando haya acabado de viajar, y aún me queda mucho así que volvamos a Vilar Formoso, 17:30 de la tarde del día 10 de Agosto del 2014, mi ruidosa furgoneta y, mi compañera en este viaje, mi Semper fidelis Fona.

Es curioso que con casi 30 años y más de 40 países visitados el cercano Portugal sea uno de los viajes pendientes que siempre digo que tengo que hacer pero al final nunca hago. Supongo que la relativa cercanía hace que siempre se vaya dejando de lado en beneficio muchas veces de destinos más, no sé, digámosles exóticos, aunque con eso llevo implícito un leve menosprecio que espero que estos días sirvan para poder relevar a la incultura una vez sea asumida.

El día había empezado en la ya lejana Peñafiel, cuna de la Ribera del Duero, y de mejor manera difícilmente lo podía hacer: visita a las Bodegas Protos y posterior cata de vinos. Y si, todo eso en ayunas. Después le siguieron una visita exprés a Ciudad Rodrigo, con vuelta a la Muralla incluida y bajo un sol de justicia para seguir con el Real Fuerte de la Concepción ya a escasos km de la frontera, así que a las 17:30 de la tarde y ya con mi objetivo del día, que no era otro que entrar en Portugal, recién cumplido, no estaba para más ostias que buscar un buen sitio para aparcar la furgoneta, meterle el freno de mano ya hasta mañana y tomarme una cerveza muy pero que muy fría. Y el mejor sitio para eso no era otro que el pueblo-fortaleza de Almeida.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAsí que poco después de entrar en Portugal salgo a la N332 en dirección norte y en poco más de 10 quilómetros llego a esta población de la que había leído muy buenas referencias pero de la que, la verdad sea dicha, ninguna le llegaba a lo que realmente me he encontrado. Y es que si buscaba un sitio tranquilo donde descansar, Almeida era el ideal.

Recién recuperada la independencia de Portugal a mediados del siglo XVII, la necesidad de defenderse de la corona de Castilla llevo a construir todo una serie de fortalezas fronterizas que repelieran cualquier incursión española. Además las antiguas fortalezas medievales habían quedado obsoletas delante de las armas de fuego que ya se empezaban a utilizar con lo que en el año 1641 se pusieron en marcha los obras de la fortificación y del circuito abaluartado que la rodean dejando una compacta fortaleza en forma de estrella prácticamente infranqueable.

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Y a las puertas de esta espectacular fortaleza nos plantamos, aunque, por suerte para nosotros, actualmente entrar en ella es tan sencillo como encarar las espectaculares Portas de Sao Francisco y cruzar el Foso por el puente hasta llegar a su interior. Una vez dentro lo primero que me sorprende es lo limpio y bien conservado que esta todo. Dudo que difiera mucho el estado actual con el de hace tres siglos. La verdad es que se ha de reconocer el buen trabajo hecho y este lo es. Ahora ya solo toca buscar un buen lugar para dormir y en esta ocasión será más difícil que nunca, pero, en contra de lo que acostumbra a suceder, no será por falta de sitios sino todo lo contrario: aquí tienes para escoger todos los que quieras. Es el paraíso para las furgonetas. Al final me acabo decantando por una especie de área para auto caravanas que hay en el foso de la Puerta Nova, donde lo han habilitado para poder aparcar media docena de auto caravanas, un par de mesitas de madera, baños (limpios) y hasta un par de enchufes…y gratis! La verdad es que me está sorprendo muy gratamente por ahora lo poco que he visto de Portugal pero como todo sea así, que he hecho tanto tiempo sin venir.

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Una vez con la furgoneta ya aparcada y en posición reposo total, metido entre dos auto caravanas francesas, a por el tercer objetivo que no era otro que el de la cerveza fría fría. Las adoquinadas callejuelas del pueblo invitan a perderse entre sus rincones llenos de encanto, sus plazas evocadoras de otros tiempos y sus amigables cafeterías en donde siempre encuentras una sonrisa por respuesta. Y otra cosa que no deja de sorpréndeme es que a mediados de agosto, y en un sitio como este…!!no hay nadie!! Ver para creer. Así que me tomo mis cervecitas frías de verdad y por un Euro cada una, un último paseo y para casa de nuevo. Hoy el día ha sido duro, una tortilla de choriza de Segovia para cenar y después de unas cuantas paginas leídas la luz que se apaga dentro de la furgoneta. Esto acaba de empezar y me da a mí que va a dar mucho de sí. Portugal me espera.

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